La Escuela Nacional de Arte de La Habana. (ENA) Mis recuerdos. Segunda parte.


La vida en la escuela se desarrollaba de Lunes a Sábado. Al principio las clases de Música se daban por las mañanas y las de Enseñanza General por las tardes. Cada tipo de escuela tenía su director. Las clases de Música tenían un horario de 8:00 a 12:00 y las de Escolaridad (así le llamábamos) comenzaban después del almuerzo, a las 2:00 de la tarde hasta las 6:00.

Por las noches, después de comer se desarrollaban las horas de estudio en las casas – albergues. En cada una había varios pianos de pared en donde, por mutuo acuerdo, los alumnos se turnaban para estudiar. Los de otros instrumentos también estudiaban en cuanto rincón se podía. Por lo tanto, la noche era un hervidero de sonidos en cada casa.

Por suerte había pocos vecinos en los alrededores y además, las casas estaban bastante separadas entre si. Téngase en cuenta que eran chalets con jardines y casi todas con piscinas, pero estas se mantenían vacías  quizá por precaución con los niños. No lo sé. Y cuando llovía mucho se llenaban de lodo y variados tipos de ranas y sapos. El barrio era oscuro por regla general y tenía su propio microclima, con muchas arboledas y mucha humedad.

La disciplina en las casas era controlada por la “tía” que cuidaba la casa correspondiente. Entre las legendarias se encontraba Nievecita. Era una mujercita negra, delgadita, pequeña y muy nerviosa, pero tenía una energía a prueba de fuego. La recuerdo siempre vestida de blanco y muy limpia. La casa que ella cuidaba estaba siempre impecablemente limpia y ordenada. También la casa en que vivíamos mi hermano y yo. María, nuestra responsable nos metía en el baño, en cueros, de tres en tres y nos enseñaba como si fuéramos sus propios hijos. Nunca vi golpes ni maltratos. Algún agarrón por los brazos sí, pero con el cariño de una madre. Claro que había alguna más estricta que otra. Nievecita era muy estricta. Todas ellas vivían y dormían con nosotros durante la semana. Los que éramos de la ciudad nos íbamos a casa el fin de semana y los que no se quedaban en la escuela. De vez en cuando iban a sus provincias.

Otra de las tías legendarias era Gisela. Esta señora imponía un respeto tremendo. Era como un fantasma porque allí donde había un relajo aparecía ella, A CUALQUIER HORA!!! Deambulaba por todo el barrio el día entero, lo mismo a la mañana, la tarde o la madrugada. Le teníamos respeto – “repeto”, decía ella –  y cariño a la vez.

También recuerdo a María Teresa, una señora mayor con moño en la cabeza, que todas las mañanas nos levantaba de la cama a las 7 y media de la mañana – hora reglamentaria – con una regla en la mano tocándonos por los pies, uno a uno y nos decía muy bajito y despacito: ¡Arriba mijito! ¡Arriba mijito!

Tuve otra responsable que nos levantaba tumbando, golpeando las puertas de las habitaciones! ¡Arriba, de pié todo el mundo!

¿Y que decir de Carmen? Esta señora, También negra, de tipo muy varonil, tengo entendido que había sido sirvienta de una familia que había vivido en una mansión del barrio, parecida o copia de la casa de la película “Lo Que El Viento Se Llevó” También había practicado el tenis y mantenía una musculatura impresionante. Esta mujer era empleada del comedor. Pero era una defensora de todos los alumnos y se daba a querer.

Casa Lo que el viento se llevo2

¿Y Luís? A ese si que lo conocíamos bien. Era el encargado de controlar la entrada al comedor (a veces nos dejaba comer doble) y además muy conocedor del golf y el béisbol. En el antiguo Country Club había trabajado como “caddie” (el que lleva los palos y maneja los carritos) del sitio. Este señor era un personaje por su forma de ser, su forma muy peculiar al hablar, con un acento típico del barrio de Marianao, su compenetración con todos los alumnos, niños y mayores. En sus ratos libres lo mismo nos enseñaba los secretos del golf u organizaba equipos de béisbol. Vivía sólo en una casita a la entrada del edificio central. Era un hombre delgado y ya entrado en años, quizá muy mal cuidados. Parecía tener mal carácter pero era todo lo contrario.

Un día, de noche, estábamos viendo por la TV, en el salón principal del edificio, uno de los clásicos partidos de Béisbol entre EE.UU. y Cuba. Éramos un grupo de 30 o 40 muchachos agrupados frente a la TV. El juego estaba tenso y Luís se ponía de mal humor y sólo sabía decir: ¡Hay que jugar al toque de bola! En un momento del juego el equipo de EE.UU. se puso al frente y Luís apagó el televisor del encabronamiento que cogió. Cerró los ojos, levantó el dedo y nos dijo que nos fuéramos para los albergues. Pero sabíamos que solo era para callarnos la boca y por eso nos quedamos por ahí dando vueltas a ver qué pasaba. A los pocos minutos volvió a encender el aparato y se produjo un “squeeze-play” (jugada sorpresa en Béisbol) exitoso a favor de Cuba. Empezó a gritarnos, cerrando los ojos y apuntando con el dedo hacía arriba: ¡Ya te lo dije, ya te lo dije! ¡Hay que tocar la bola!

Así eran los primeros empleados de la ENA. Hay muchos más, como los cocineros Partagás, Mario el gordo y Roselló o Pelegrín el repostero. Pedro y Luís, los barberos que nos cortaban el pelo cada 20 días… Los de la enfermería, los mecánicos de las dos guaguas Skoda, Gorrita, el chofer de la “polaquita”etc. Todos ellos hicieron historia en la escuela. Pero las anécdotas son innumerables y quizá otra persona con más tiempo y memoria pueda relatarlas.

Fin de la segunda parte.

continuará… La ENA Tercera parte.

Marcos Valcárcel Gregorio, Octubre, 2009.

6 Respuestas a “La Escuela Nacional de Arte de La Habana. (ENA) Mis recuerdos. Segunda parte.

  1. Jorge Luis Valcarcel Gregorio

    Mario el gordo me confundio un dia con mi hermano y me dijo que ya yo habia desayunado. Yo que era un poco soberbio, sin decir una palabra vire la espalda y me fui. La responsable, Elsa, se dio cuenta de lo sucedido y le explico a Mario que quien habia desyunado era Marcos y no yo. Pues bien, a partir de ese momento cada vez que me aparecia en el comedor, Mario me llamaba para un lado y me daba todo lo que yo quisiera, Yogurts, dulces, panes. Esta muestra de arrepentimiento por lo ocurrido duro casi hasta que se retiro.

  2. Yo recuerdo a Albertina la conserje! Entre en la ENA cuando se fundo la escuela de danza moderna, comnigo estaban en la clase “escolaridad” Zenon, Lazaro Carreño, y unos cuantos músicos, estudiábamos en un edificio de la calle que terminaba en la escuela de Danza, creo que era 25 y 9na. La escuela de música estaba cerca del Laguito y nos ibamos a robar mamoncillos de las matas de atrás del edicidio… Que tiempos aquellos!

  3. yo naci en la casa frente a humara la biblioteca que memorias de estos hermanos mi madre atendia la biblioteca por esos anos altualmente mi familia vive frente al gusano que era casa de percusion y ahora es albergue de profesores de musica del interior del pais grasias por gratos recuerdos

  4. te faltó Fumagalli,entre otros,pero me gusta todo lo que he leído, me tienes con los ojos aguados,gracias Marquitos!

    • Marcos Valcárcel Gregorio

      Es verdad. El maestro Fumagalli que nos dejó a Uds: Mirta Batista y Yanela Lojos, formidables arpistas!

  5. ME HE PASADO EL DíA ENTERO LEYENDO, YO ENTRÉ EN EL 68, PERO TODO LO QUE TENGA QUE VER CON ESA ESCUELA ES PARTE DE MI
    LOS QUIERO POR TAN LINDAS HISTORIAS, YO TAMBIÉN CONOCÍ A TODAS ESAS TIAS
    CONOCÌ A UNA VALCÁRCEL, QUE TRABAJABA EN LA ESCUELA DE MUSICA GUILLERMO TOMÁS DE GUANABACOA, VIVÍA EN ESE MUNICIPIO, MI ESPOSO (QUE TODO EL MUNDO LO CONOCE POR BIGOTE), ERA EL SUB DTOR DE ESA ESCUELA.
    MIL GRACIAS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s