Archivo mensual: noviembre 2009

EL SECRETO DE UN PEQUEÑO PERCUSIONISTA

Hace unos días aprendí algo de mi pequeño alumno David, de 8 años. Es un niño pequeño y delgadito. Se sienta frente al tambor en el asiento más bajito que tengo en clase. Inmediatamente se encorva debido a su constitución menuda y se cansa muy pronto; ya sabemos que los niños tienen poca capacidad de concentración.

En sus primeras clases intenté que no se aburriera y me desesperé un poco al ver que no reaccionaba durante los primeros ejercicios y lecciones y que el ruido de los golpes le hacía cerrar los ojos.

Hace dos semanas, en el desarrollo de una clase le enseñé un pequeño ejercicio de combinaciones de manos. Él lo entendió perfectamente pero le resultaba difícil. Lo intentaba una y otra vez y nada. Francamente frustrante. Entonces se me ocurrió decirle algo, una frase mágica:

-David, te voy a enseñar un secreto pero… no se lo digas a nadie.

Se me quedó mirando fijamente.

-¡Toca eso fácil! Dije.

Me dijo que sí, se enderezó en el asiento y tocó el ejercicio bien, a la primera vez, a la segunda y a la tercera. Yo mismo me quedé sorprendido con la facilidad que lo hizo.

Le dije:

-¿Ves? Ahora te salió muy bien.

Entonces le expliqué una lección de lectura y terminó la clase.

A la semana siguiente volvió en su turno de costumbre y me dispuse a repasarle lo de la semana anterior porque ya sé que los niños practican poco en casa. Pero increíblemente, algo había practicado porque todo le estaba saliendo mucho mejor. Lo quise estimular y le dije que estaba impresionado porque todo estaba bien, a lo que me contestó:

 -Es que yo hice el ‘secreto’ que tu me dijiste.

Yo, que ya no me acordaba del secreto, le dije que me lo repitiera. Me contestó:

-Me dijiste que lo ‘tocara fácil’ y por eso me sale bien…

Me reí interiormente y quedé asombrado. Comprobé que la mente de un niño, ese milagro abierto al conocimiento, es capaz de interpretar perfectamente la abstracción de una frase mágica.

David ya ha empezado a hacer las cosas fácilmente.

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre, 2009.

Anuncios

La Escuela Nacional de Arte. ENA. Mis recuerdos. Sexta Parte.

Los primeros profesores de la Escuela Nacional de Música integrada en la ENA provenían de un entorno académico clásico y casi ninguno de la llamada música popular. Los profesores de instrumentos eran músicos de la Sinfónica Nacional y los teóricos venían de antiguas academias y conservatorios de corte clásico. De los que yo recuerdo, solo el profesor Fausto García Rivera, de percusión, era músico de la orquesta del show del Hotel Riviera.

Y naturalmente los primeros programas de estudios estaban diseñados atendiendo al más puro concepto clásico. Había también una primera intención docente, nacionalista, a partir de trabajos de la pedagoga Carmen Valdés que publicó unos primeros folletos creo que, en principio, dirigidos a las precursoras escuelas de Instructores de Arte. También para esas escuelas el profesor Domingo Aragú diseñó quizá, los que se pudieran llamar, los primeros folletos-libros de instrumentos de Percusión cubana en el mundo, con explicaciones y ejercicios técnicos. Así que la nueva Escuela Nacional de Música era un conservatorio al más puro estilo clásico con elementos de cultura cubana pero que no incluía los géneros y tipos de formaciones populares. Téngase en cuenta que en el año 1962, fecha de creación de la ENA, la Orquesta Sinfónica Nacional era la única institución que representaba, con calidad profesional, a  la música clásica, culta, exacta, como quiera que se le quiera llamar.

Los primeros alumnos de la Escuela Nacional de Música, casi en su mayoría comenzaron sus estudios musicales desde cero. Había algunos contados alumnos que ya vinieron tocando bastante bien sus instrumentos, como por ejemplo, los hermanos Alen, que llegaban desde EE.UU. Pero en los inicios, la escuela tenía un nivel Elemental. En los 2 o 3 primeros años siguientes comenzaron a llegar alumnos que ya tocaban sus instrumentos y como era natural venían del mundo llamado popular, por ejemplo, Arturo Sandoval y Enrique Pla.

¿Hubo alguna prohibición explícita en Cuba para tocar Jazz o música popular en los conservatorios de la época? No lo sé, pero mi primer contacto con el Jazz, The Beatles, Blood, Sweat &Tears,  y otros, fue en la ENA. ¿Alguien recuerda la Big Band de la ENA? ¿Alguien recuerda la Charanga Típica de la ENA dirigida por mi amigo Adalberto Álvarez? Para los que no lo saben: existieron.

Charanga ENA

Para ser sincero, yo nunca sentí prohibición alguna para tocar música popular. Si experimenté opiniones en contra por parte de algún que otro profesor. En mi caso, estudiante de percusión, tenía una atracción especial por la batería, y oía decir que eso era una mierda ¡que yo tenía que estudiar percusión de verdad! y que la verdadera música era la clásica. Eso si lo oí. Era una coacción pero no una prohibición.

Recuerdo que era la época del Mozambique, con Pello “el Afrocán” al frente y su banda gigante. Era un fenómeno de masas, utilizado políticamente o no pero sonaba por la mañana, la tarde y la noche. Había una profesora que lo odiaba. Pero en algo tenía razón porque aquello no tenía calidad musical alguna y la desafinación era insoportable. ¡Pero era divertido!

También en el mundo se estaba viviendo el fenómeno Beatles, acompañado de Rolling Stones y Led Zepellin en la vertiente del Rock más duro. En Cuba ya para la época no era posible comprar un LP de los mismos debido a la ruptura y la no-existencia de todo tipo de relaciones con EE.UU. nuestro principal mercado. Solo sobrevivía la radio y las copias piratas en planchas de metal.

Además, Cuba tenía su propia música popular con una fuerza y un amplio espectro laboral.

Ya sabemos que sólo existe un tipo de música: la buena y bien hecha. Pero en Cuba (y también en otros países) siempre ha existido la división entre Música Popular y Clásica. Todavía hoy, músicos de ambos bandos siguen debatiendo sobre eso. He oído a músicos clásicos rechazar lo popular y viceversa. Pero también existen los verdaderos, los que juegan a las dos bandas.

Hace pocos días oí a una amiga decir, a toda voz, que en aquellos días la dejaron sin pase (permiso para ir a casa) dos meses por oír a Juan Manuel Serrat. Son verdaderas exageraciones, por no decir mentiras, que se oyen por estos días. Y lo peor de todo, ¡hay quien se las cree!

¿Hubo alguna prohibición para tocar Jazz en Cuba? Sinceramente lo desconozco. Lo que sí sé es que la primera Big Band profesional que vi y oí en vivo en mi vida, fue la Orquesta Cubana de Música Moderna con los maestros Armando Romeu y Rafael Somavilla al frente. Nuestros ídolos eran Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, Chucho Valdés y Enrique Pla.

¿O quizá el enfrentamiento político y cultural con un adversario tan poderoso como los EE.UU. fue el detonante de alguna directriz que trataba de rechazar todo lo yanqui? Es posible. Eran tiempos en que la joven Revolución cubana, con un mayoritario y casi total respaldo del pueblo se defendía con uñas y dientes de un enemigo agresivo y muy poderoso. Y esa lucha también abarcaba el terreno cultural. Los melenudos, por ejemplo, eran mal vistos. Y el Jazz y el Rock se asociaban con la cultura del enemigo. Cosas de la época.

Hablando un día con un importante musicólogo español este me comentó que en el mundo hay 3 corrientes o fenómenos musicales que conforman las raíces de la llamada música popular, a escala global: EE.UU., Brasil y Cuba. No sé, pero los músicos en Cuba se han dado y siguen dando por chorros. Y son altamente valorados internacionalmente.

Lo que sí sé (sabemos todos) es que hay muchos músicos cubanos muy buenos y mundialmente reconocidos entre los más grandes, que desarrollaron sus carreras, en Cuba, en la ENA y en esos años. No lo hicieron a escondidas. Y son muy buenos artistas por su envidiable talento y trabajo, pero también porque tuvieron una educación como Dios manda.

Continuará…

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre, 2009.

ENA 1    ENA 2    ENA 3    ENA 4    ENA 5    ENA 7 y Final

La Escuela Nacional de Arte. ENA. Mis recuerdos. Quinta Parte.

Bertha Serguera ENA

Bertha Serguera (la “doctora”, como acostumbraba a llamarla nuestra querida profesora Aida Teseiro) fue la encargada de “meter en cintura” a la joven Escuela Nacional de Arte (ENA)

En aquellos años era una mujer de unos 40 años, muy elegante siempre, de muy bien ver, o sea, en cubano, ¡Estaba muy buena! Y lo digo con todo el respeto del mundo. Se le veía diariamente por la escuela y era muy respetada por todos los alumnos por su contacto personal con cada uno de ellos. La recuerdo como una persona muy recta pero a la vez muy cercana.

Con su llegada comenzamos a tener instrucción semi-militar, común a todas las escuelas del sistema de becas en Cuba. Los sábados teníamos clases de arme y desarme de fusiles. Estos eran del tipo Máuser y M52 checo. Se usaban en las guardias nocturnas de los alumnos. También nos enseñaron algo de táctica militar, construcción de trincheras, etc. Pero confieso que nunca llegué a disparar con los fusiles.

Peloton

De esta etapa recuerdo con mucho cariño al profesor de coro, el guatemalteco Oscar Vargas. Este había recalado en Cuba por problemas políticos en su país e inmediatamente comenzó a trabajar en la ENA. Formó un coro de niños y otro juvenil. Nos enseño un repertorio universal incluyendo canciones latinoamericanas. Esos coros llegaron a cantar muy bien. Para afinar solo necesitábamos el LA del diapasón. Además, este profesor dejó las bases sentadas en Cuba para lo que sería más tarde la cátedra de dirección coral.

Coro

Con el mandato de Bertha llegaron las idas a la Escuela al Campo en la Isla de la Juventud (antigua Isla de Pinos) al sur del archipiélago de Cuba.

La escuela, completa, incluyendo cocineros, empleados, dirección, se trasladaba hasta Batabanó en autobuses y de ahí tomábamos un ferry o trasbordador hasta la Isla. El viaje duraba cerca de 6 horas por mar. Habían en aquellos momentos 2 ferrys nuevos, construidos en España: El “Jibacoa” y el “Comandante Pinares”. También seguía haciendo sus viajes el viejo “Pinero”  más pequeño.

Palo seco

El  nombre del primer campamento en que estuvimos era el del mártir de la revolución Frank Pais. Creo que tuvo que ser a finales de 1965. Si recuerdo que parecía un rancho y que dormíamos en hamacas. Trabajábamos en los cultivos de cítricos. Desde abrir los huecos para la siembra, de casi un metro cuadrado, hasta la recogida de las frutas. La disciplina bajo el mando de Bertha era estricta. Por las noches los alumnos se dedicaban a estudiar sus instrumentos.

Mi hermano se enfermó de Rubéola y fue hospitalizado durante más de una semana en el hospital provincial.

El segundo viaje, al año siguiente, fue en otro campamento, llamado “La Sacra”. Dormíamos en tiendas de campaña. Y también hicimos lo mismo. La Isla entera estaba llena de cítricos.

En el siguiente año ya yo no estuve ya que, por fin, mis padres oyeron mis súplicas (nunca me adapté al régimen de internado) y mi hermano y yo dejamos de estar en la ENA y nos trasladamos al conservatorio “Amadeo Roldán”.

En ese intervalo se produce otra Escuela al Campo a la isla. Según cuentan los que estuvieron, aquel campamento se llamó “La Felicidad” y fue el fin del mandato de la directora Bertha Serguera. Un alumno de arte dramático, ventiañero, conquistó su corazón, aparecieron las melenas en los alumnos y la disciplina se vino abajo. Al término de esta estancia y de regreso a La Habana, fue sustituida por Mario Hidalgo, un veterano del desembarco del yate Granma. Bertha Serguera finalmente se casó con el alumno.

Continuará…

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre, 2009.

ENA 1    ENA 2    ENA 3    ENA 4    ENA 6

La Escuela Nacional de Arte. ENA. Mis recuerdos. Cuarta Parte.

Valcarcitos2

Con la directora general Berta Serguera también llegó la Escuela al Campo, una actividad en la que todos los estudiantes de Cuba debíamos participar una vez al año. Consistía en ir a trabajar al campo durante 45 días, como parte de una educación integral. Más adelante escribiré sobre esa experiencia.

Pero la primera actividad extradocente que a mi hermano y a mí nos tocó fue ir a la Escuela Formadora de Maestros de Topes de Collantes, en el centro de Cuba, en pleno macizo montañoso del Escambray, a 300 y pico de kilómetros de la capital. Mi hermano Jorge y yo, junto a otros compañeros y un par de profesores fuimos a preparar un coro de 2 mil voces para la interpretación de una Cantata del profesor y compositor Nilo Rodríguez basada en la “Elegía a Manuel Ascunce” de Adigio Benítez. El coro en ciernes, formado por los estudiantes para maestros, sería acompañado por la orquesta de la ENA, en un concierto programado para una visita que haría Fidel Castro a Topes de Collantes, y que tendría como invitados a los delegados a la Primera Conferencia Tricontinental en el invierno de 1965-66.

En aquellos días, para subir a Topes de Collantes había que hacerlo en camiones rusos ZIL de guerra, a los que se les llamaba “guarandingas” El trayecto de casi 15 kilómetros demoraba casi una hora.

Después de tantos años me quedo sorprendido al recordar que ¡yo solo tenía 13 años y mi hermano 12! La verdad es que no sé cómo fuimos a parar ahí y menos a ayudar a preparar un coro tan grande. Pero, para ser justo, recuerdo que Berta Serguera dijo que éramos muy jóvenes para irnos lejos de la escuela y de casa pero… yo se lo pedí personalmente, movido por la aventura.

Nuestra labor consistió en ayudar a seleccionar las voces y montar la Cantata. Recuerdo el primer día en que llegamos. En medio de aquellas montañas se alzaba un majestuoso edificio blanco que antes de la Revolución de 1959 fue un hospital para tuberculosos. En ese momento era ya la sede principal de esa escuela formadora de maestros en donde estudiaban casi más de 4 mil jóvenes.

Ahí nos hospedaron junto a los alumnos de la escuela. Mi  padre me había regalado mi primer reloj Poljot ruso. Era dorado, muy bonito y solo me duró el primer día porque me lo robaron en la primera noche de nuestra estancia.

¡Ahí estuvimos cerca de 2 meses ensayando y comiendo solo arroz con frijoles colorados, sin ná! ¡Y sin más ná!

Al mes y medio de haber comenzado los ensayos del Coro, llegó la orquesta de la ENA.

Los ensayos los realizamos primero en una antigua iglesia y más tarde en un anfiteatro al aire libre, continuo al edificio. Ahí también se celebró el concierto el día señalado. Y por primera vez vi a Fidel Castro en persona. Iba con su gorra militar característica y la barba la tenía roja. Claro, en la TV en blanco y negro de la época se veía negra.

El concierto quedó bien y esa fue nuestra primera actividad semi-profesional de nuestras vidas. La Cantata pasó a la historia sin penas ni glorias. Solo se interpretó esa vez y otra al cabo de muchos años por la Orquesta Sinfónica Nacional en un homenaje a Adigio Benítez, el autor de la “Elegía” Solo recuerdo su tema principal:

Creo que era lo más bonito que tenía la Cantata, con perdón de nuestro querido maestro Nilo Rodríguez. Quizá éramos muy jóvenes para comprender su lenguaje contemporáneo. Además, los papeles de la Percusión casi nos los tuvimos que inventar. Los percusionistas éramos: Enrique Pla, Elisa Escribá, mi hermano Jorge Valcárcel, alguno más que no recuerdo y Yo.

Después, a los pocos meses me volvieron a escoger junto a otros compañeros para montar el espectáculo de fin de curso de la  Escuela de Pesca en Playa Girón. Recuerdo que éramos 8. El jefe del grupo era Mediavilla que era el mayor del grupo. También recuerdo a Nereida Matamoros, Lino Neira, Octavio el bailarín, entre otros.

Aquello fue un tremendo vacilón. Fueron 30 días en los que solo trabajábamos un par de horas por las noches. El resto del día lo pasábamos en la playa. Recuerdo que estaba de moda el ritmo Mozambique y eso fue algo de lo que me encargué de preparar, aunque confieso que aprendí más de los alumnos aficionados que ellos de mí.

De esa estancia en la escuela de pesca en Playa Girón recuerdo muchas cosas pero hay varias en particular:

  • El fin de semana que pasamos en una goleta, en Cayo Piedra, a una hora de viaje por mar al sur del lugar. Esto fue por invitación del director de la escuela que quería que viéramos cómo aprendían los futuros patrones barcos las artes de pesca en barcos tipo Cárdenas.
  • Comencé a fumar.
  • Las audiciones de Jazz con nuestro amigo Mediavilla al frente. Escuché un disco de vinilo que se llama “hi-fi drums” con solos del famoso baterista Buddy Rich. Me quedé pasmado con los solos de Batería.
  • Tuve mi primer acercamiento involuntario al sexo. No había yo cumplido los 14 años y una de las chicas que formaban el grupo, de cuyo nombre y cara me acuerdo, mayor que yo, me arrinconó un día contra una columna y se me restregó, con temblores y como medio loca. Supuse que estaba enferma de los nervios y así se lo comenté a Mediavilla que era nuestro alumno jefe. Éste, que también era mucho mayor que yo, se empezó a reír y me dijo: “…No te preocupes, que yo sé qué enfermedad tiene ella y eso lo voy a resolver yo…” No sé sí realmente lo resolvió.

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre de 2009.

La Escuela Nacional de Arte de La Habana. (ENA) Mis recuerdos. Tercera parte.

1000421_10151478742396186_895894792_n

Creo firmemente que las cosas deben valorarse dentro de su contexto histórico y no desde la distancia de los años. Es decir, todo tiene su “por qué” Así trato de recordar estos años y mis recuerdos tratan de ser lo más exactos posibles.

El nombramiento de Bertha Serguera como directora general de la ENA (no recuerdo el año exacto)  marcó un nuevo rumbo que duró varios años. Para bien o para mal, se instauró una disciplina semi-militar, común en todo el sistema de internado nacional de casi más de cien mil becarios del gobierno. Quizá no era lo más apropiado para una escuela de Arte, pero así fue y repito, no fue exclusivo para la ENA.

Eso supuso una nueva organización de los albergues, casas o viviendas de los alumnos en pelotones y compañías militares. Recuerdo que nos despertaban a las 7 de la mañana. A las 7 y media había que estar fuera de la casa, en formación militar, por pelotones y compañías. Cada casa o albergue tenía un alumno-jefe de pelotón que se subordinaba a un jefe de compañía, también alumno. Estos eran designados por la escuela.

Una vez formados en la calle, se pasaba revista y nos trasladábamos, en fila india, al comedor central (el antiguo hotel), a un kilómetro de distancia, para desayunar. Las camas, las habitaciones, debían quedar debidamente ordenadas y recogidas.

En una plaza, frente a la entrada del edificio central se reunían todas las compañías (militares) una por cada especialidad (Música, Danza, Artes Plásticas, etc…) para hacer el Matutino. En ese acto se izaba la bandera al compás del Himno Nacional interpretado por la Banda de alumnos. También en ese momento aprovechaban para dar las consignas del día y ver quién estaba más peludo de la cuenta. Después se pasaba al comedor para el desayuno. Terminado este nos dirigíamos individualmente a las respectivas escuelas y actividades.

A cada alumno se le entregaba a principios de curso dos uniformes completos que incluían botas militares para los varones y zapatos para las mujeres, calcetines y ropa interior. El calzado se reponía cuando se gastaba. Los alumnos del interior del país disponían de lavandería. Esta también se ocupaba de las sábanas y toallas que se sustituían dos veces por semana.

La limpieza en las casas-albergues las realizaban los propios alumnos según un orden establecido semanalmente. Cada alumno sabía lo que tenía que hacer.

Estaba totalmente prohibido ausentarse de la escuela durante la semana. Como ya dije en una entrada anterior, los permisos (pases) para ir a casa eran los fines de semana. Por lo tanto uno de los peores castigos era quedarse sin ir a casa.

Semanalmente, el viernes, se hacía una Corte Militar. Esta consistía en reunir a todos lo alumnos de una compañía y someterlos a un juicio sobre su conducta semanal. Para eso había un sistema de puntos. Si en la semana sumabas más de 10 perdías el pase de fin de semana. Los puntos los imponían los instructores que eran un cuerpo de alumnos designados por la dirección general de la escuela. Si un instructor te sorprendía en una infracción, según el tipo, te ponía un reporte de equis puntos. Todo se juzgaría en la Corte Militar semanal.

Sobre ese particular hay muchísimas anécdotas. Algunos alumnos eran verdaderos temerarios en el arte de saltarse la disciplina.

La Corte Militar se desarrollaba en el salón principal del edificio que, todavía hoy,  se encuentra a continuación de la entrada principal. El Tribunal estaba compuesto por alumnos instructores y el subdirector de disciplina de turno.

Cada alumno tenía un número asignado. Si tenías algún reporte le llamaban por su número:

–         ¡710! Llamaban los del Tribunal.

–         ¡Aquí! Respondía el alumno.

–         ¡Acá! Y el “acusado” se acercaba al frente del Tribunal y se paraba en posición militar de atención. El Tribunal le ordenaba que se pusiera en posición de descanso y procedía a decirle:

–         Tiene Ud. un reporte por llegar tarde a la formación el día 14 a las 7 y treinta de la mañana.. ¿Qué tiene que alegar?

–         ¡Permiso para acercarme al Tribunal!

–         Concedido.

Tras la debida explicación privada “estaba en el baño porque me hallaba descompuesto” el Tribunal decidía: ABSUELTO! Puede retirarse.

Pero había casos célebres como el de Edilberto Cardoso. No faltaba a una Corte. Siempre estaba convocado, por una causa u por otra. Mi pobre amigo siempre estaba castigado por sus “indisciplinas” Era un tipo rebelde por naturaleza. Estudiaba clarinete y era un muchacho de la provincia de Camagüey.

Era de esos que le llamábamos “guaposo” por su forma chulesca de vivir y vestir. Edilberto tenía su propia forma de ser. Usaba la camisa del uniforme por fuera de la cintura del pantalón, cuando lo reglamentario era usarla por dentro. Los bajos del pantalón, con filo incluido, los usaba a medio meter entre las botas, cuando el reglamento decía que había que meterlo completo, tipo militar, etc…O sea, un verdadero “guaposo” de la época. Y asi se presentaba delante de la Corte todas las semanas, con clarinete en la mano incluido! Y agitando al Tribunal para que lo condenaran rápido, ya que decía que no podía perder tiempo, que tenía que estudiar!

En otra ocasión a los músicos de la Banda de Música, entre los que me encontraba yo y mi hermano, nos dejaron un mes sin pase gracias a nuestro querido amigo Arturito Sandoval. En pleno desarrollo del matutino e interpretando el Himno Nacional a Arturo se le ocurrió tocar su parte de trompeta del himno ¡en la octava alta del instrumento! Se consideró una falta grave al Himno y a la Bandera. ¡Pagamos todos justos por pecadores!

Otro alumno ilustre, entre muchos, era mi amigo Andrés Escalona, actual primer contrabajista de la Orquesta Sinfónica Nacional. A este le decíamos Juan Sebastián Bach porque era el rey de la “Fuga” Siempre andaba escapado de la escuela y nunca lo sorprendían!

Esto era por los años 64 o 65.  ¡Que tiempos aquellos!

Hoy las cosas ya no son así. La organización disciplinaria hace rato perdió su caracter militar. Eran otros tiempos y quizá desde la distancia de los años todo puede parecer excesivo. Yo no lo voy a  juzgar. Prefiero pensar en las cosas positivas que me ayudaron a ser músico y persona y creo que esta etapa de mi vida fue importante.

En la próxima entrada trataré de hablar de esas cosas.

Continuará….La ENA Cuarta parte.

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre de 2009.

EJERCICIOS PARA LÁMINAS EN FORMA DE BLUES

EJERCICIO EN FORMA DE BLUES

EJERCICIO DE EXPANSIÓN EN FORMA DE BLUES mp3

EJERCICIO EN FORMA DE BLUES2

EJERCICIO EN FORMA DE BLUES2 mp3