La Escuela Nacional de Arte. ENA. Mis recuerdos. Cuarta Parte.


Valcarcitos2

Con la directora general Berta Serguera también llegó la Escuela al Campo, una actividad en la que todos los estudiantes de Cuba debíamos participar una vez al año. Consistía en ir a trabajar al campo durante 45 días, como parte de una educación integral. Más adelante escribiré sobre esa experiencia.

Pero la primera actividad extradocente que a mi hermano y a mí nos tocó fue ir a la Escuela Formadora de Maestros de Topes de Collantes, en el centro de Cuba, en pleno macizo montañoso del Escambray, a 300 y pico de kilómetros de la capital. Mi hermano Jorge y yo, junto a otros compañeros y un par de profesores fuimos a preparar un coro de 2 mil voces para la interpretación de una Cantata del profesor y compositor Nilo Rodríguez basada en la “Elegía a Manuel Ascunce” de Adigio Benítez. El coro en ciernes, formado por los estudiantes para maestros, sería acompañado por la orquesta de la ENA, en un concierto programado para una visita que haría Fidel Castro a Topes de Collantes, y que tendría como invitados a los delegados a la Primera Conferencia Tricontinental en el invierno de 1965-66.

En aquellos días, para subir a Topes de Collantes había que hacerlo en camiones rusos ZIL de guerra, a los que se les llamaba “guarandingas” El trayecto de casi 15 kilómetros demoraba casi una hora.

Después de tantos años me quedo sorprendido al recordar que ¡yo solo tenía 13 años y mi hermano 12! La verdad es que no sé cómo fuimos a parar ahí y menos a ayudar a preparar un coro tan grande. Pero, para ser justo, recuerdo que Berta Serguera dijo que éramos muy jóvenes para irnos lejos de la escuela y de casa pero… yo se lo pedí personalmente, movido por la aventura.

Nuestra labor consistió en ayudar a seleccionar las voces y montar la Cantata. Recuerdo el primer día en que llegamos. En medio de aquellas montañas se alzaba un majestuoso edificio blanco que antes de la Revolución de 1959 fue un hospital para tuberculosos. En ese momento era ya la sede principal de esa escuela formadora de maestros en donde estudiaban casi más de 4 mil jóvenes.

Ahí nos hospedaron junto a los alumnos de la escuela. Mi  padre me había regalado mi primer reloj Poljot ruso. Era dorado, muy bonito y solo me duró el primer día porque me lo robaron en la primera noche de nuestra estancia.

¡Ahí estuvimos cerca de 2 meses ensayando y comiendo solo arroz con frijoles colorados, sin ná! ¡Y sin más ná!

Al mes y medio de haber comenzado los ensayos del Coro, llegó la orquesta de la ENA.

Los ensayos los realizamos primero en una antigua iglesia y más tarde en un anfiteatro al aire libre, continuo al edificio. Ahí también se celebró el concierto el día señalado. Y por primera vez vi a Fidel Castro en persona. Iba con su gorra militar característica y la barba la tenía roja. Claro, en la TV en blanco y negro de la época se veía negra.

El concierto quedó bien y esa fue nuestra primera actividad semi-profesional de nuestras vidas. La Cantata pasó a la historia sin penas ni glorias. Solo se interpretó esa vez y otra al cabo de muchos años por la Orquesta Sinfónica Nacional en un homenaje a Adigio Benítez, el autor de la “Elegía” Solo recuerdo su tema principal:

Creo que era lo más bonito que tenía la Cantata, con perdón de nuestro querido maestro Nilo Rodríguez. Quizá éramos muy jóvenes para comprender su lenguaje contemporáneo. Además, los papeles de la Percusión casi nos los tuvimos que inventar. Los percusionistas éramos: Enrique Pla, Elisa Escribá, mi hermano Jorge Valcárcel, alguno más que no recuerdo y Yo.

Después, a los pocos meses me volvieron a escoger junto a otros compañeros para montar el espectáculo de fin de curso de la  Escuela de Pesca en Playa Girón. Recuerdo que éramos 8. El jefe del grupo era Mediavilla que era el mayor del grupo. También recuerdo a Nereida Matamoros, Lino Neira, Octavio el bailarín, entre otros.

Aquello fue un tremendo vacilón. Fueron 30 días en los que solo trabajábamos un par de horas por las noches. El resto del día lo pasábamos en la playa. Recuerdo que estaba de moda el ritmo Mozambique y eso fue algo de lo que me encargué de preparar, aunque confieso que aprendí más de los alumnos aficionados que ellos de mí.

De esa estancia en la escuela de pesca en Playa Girón recuerdo muchas cosas pero hay varias en particular:

  • El fin de semana que pasamos en una goleta, en Cayo Piedra, a una hora de viaje por mar al sur del lugar. Esto fue por invitación del director de la escuela que quería que viéramos cómo aprendían los futuros patrones barcos las artes de pesca en barcos tipo Cárdenas.
  • Comencé a fumar.
  • Las audiciones de Jazz con nuestro amigo Mediavilla al frente. Escuché un disco de vinilo que se llama “hi-fi drums” con solos del famoso baterista Buddy Rich. Me quedé pasmado con los solos de Batería.
  • Tuve mi primer acercamiento involuntario al sexo. No había yo cumplido los 14 años y una de las chicas que formaban el grupo, de cuyo nombre y cara me acuerdo, mayor que yo, me arrinconó un día contra una columna y se me restregó, con temblores y como medio loca. Supuse que estaba enferma de los nervios y así se lo comenté a Mediavilla que era nuestro alumno jefe. Éste, que también era mucho mayor que yo, se empezó a reír y me dijo: “…No te preocupes, que yo sé qué enfermedad tiene ella y eso lo voy a resolver yo…” No sé sí realmente lo resolvió.

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre de 2009.

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