LOS TIMPANISTAS


Soy músico, soy percusionista pero esencialmente soy Timpanista, o sea, para los que no lo saben, un músico que toca los timbales o Timpani en una orquesta u otra agrupación instrumental. Desde que nací estaba predestinado a serlo ya que mi padre lo era en la Banda de la Policía Nacional de Cuba y más tarde de la Orquesta de Ballet y Ópera de La Habana, heredera de la Orquesta de la Zarzuela fundada en el año 1962.

Como he escrito en anteriores entradas, mi padre había estudiado con dos grandes maestros del instrumento: Domingo Aragú en La Habana y Saul Goodman en New York. De ahí su pasión por este instrumento. Ese amor, esa idiosincrasia adquirida nos la transmitió nuestro padre a mi hermano Jorge y a mí. Teníamos 5 y 6 años respectivamente e indirectamente escuchábamos desde un tocadiscos música clásica que también él cantaba o silbaba. Además se ocupaba, trataba de indicarnos, de una forma muy lúdica y apasionada, las principales melodías de las obras y las intervenciones del Timpani.

El día que nos dijo: …”van a estudiar Percusión”…  yo no sabía qué cosa era eso, pero si sabía perfectamente qué eran los Timbales. Recuerdo cuando nos llevó a un concierto en el Teatro  auditorio “Amadeo Roldán” de La Habana, en que actuaba la Sinfónica Nacional de la antigua U.R.S.S. con Kiril Kondrashin en la dirección y el violinista David Oistrakh como solista principal. Para finalizar el concierto se tocó la obertura de la ópera Tanhausser de Wagner. Recuerdo la emoción de mi padre viendo y oyendo al timpanista Eddy Galoyan hacer los redobles finales en sus flamantes timbales Premier. O sea, desde pequeños conocimos esa psicología mística que envuelve a un músico timpanista, el escenario de un teatro de conciertos, el foso de una orquesta y su trasfondo, los timbales, la música, sus sonidos, la particular visión de la escena, sus secretos, la interrelación de los músicos con el director, las bromas, el oficio de músico, en fin, “el fantasma de la ópera”. Aprendimos también a perder el miedo escénico y a sentirnos parte en ese mundo como si fuera nuestra propia casa.

Pero también aprendimos temprano los pequeños y grandes secretos de la percusión y en particular de ese instrumento llamado Timpani o el nombre más castizo de Timbales.

Creo que todos los músicos tienen una especial relación con su instrumento y de su papel dentro de una orquesta o agrupación pero yo sólo conozco lo que se siente detrás de unos Timbales y ciertamente te sientes muy importante. Estás detrás de cinco grandes tambores que pueden con toda una orquesta. Te sientes el músico más importante de la misma y con un poder tremendo en tus manos. Te sientes muy especial, muy valorado y muy admirado. De eso supimos mi hermano y yo siendo, más tarde, miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.

El Timpanista – que es como yo prefiero llamarlo – contrariamente a lo que piensan muchos, es uno de los músicos de la orquesta que más gusto musical debe poseer. Creo que eso es más importante que tener una excelente técnica aunque esto también es deseable ya que esto último es  lo que te permite interpretar mejor lo que sientes y quieres hacer. Pero el gusto musical, repito, es fundamental. Obviamente todos los músicos de una orquesta tienen que reunir esos requisitos pero el Timpanista muchas veces toca sólo, decide, ayuda y para eso, en determinados momentos, también hay que tener un poco de coraje. No vale solo con tener una técnica envidiable. Hay que saber adivinar el sentido de la música, su carácter, etc. El instrumento en sí no es tan difícil como un Violín o una Trompa. Probablemente los estudios que encontramos en los libros de la academia son más difíciles que la música que generalmente encontramos en la vida profesional real.

Los Timbales cumplen distintas funciones en la orquestación de una obra. No son unos simples tambores de una Batería. Lo son un tanto especiales que se afinan con sonidos graves y determinados. Su uso en la orquesta va desde el apoyo al ritmo, a las armonías en sus funciones principales hasta la creación de atmósferas y contrastes en las dinámicas. Pueden ser bruscos y determinantes pero también pueden ser sutiles, suaves o dulces. Suele creerse por muchos orquestadores que solo tocan la Tónica, Subdominante y Dominante ya que en sus inicios, es a lo que se les encomendaba debido a las limitaciones mecánicas para los cambios de afinación de los instrumentos de la época. Pero con el posterior desarrollo técnico de la mecánica, sus posibilidades orquestales aumentaron y los compositores del período Clásico y más aún en el Romanticismo y posteriores, supieron aprovechar estas mejoras. Se comenzaron a exigir distintos tipos de baquetas y afinaciones. No se limitarían a usarlo solo en funciones armónicas fundamentales. Se utilizarían de diferentes formas por el orquestador. Desde luego seguirían cumpliendo su misión rítmica y armónica original pero sus funciones se han ampliarían y los compositores y directores se harían más conocedores y exigentes.

El Timpanista debe saber afinar correcta y exactamente y cambiar rápidamente la afinación de sus timbales. Debe saber ejecutar golpes legato y staccato, saber elegir las baquetas para cada momento de la obra, cómo apagar o silenciar los parches adecuadamente. En este último sentido aconsejo a mis alumnos tapar, apagar, silenciar los parches en todos los estudios académicos para así adquirir la mejor técnica. Pero también les digo que en la práctica profesional el Timpanista debe sopesar las conveniencias o inconveniencias de esta acción. Y ese es uno de los problemas musicales que hay que aprender a hacer a través del conocimiento de la obra, su orquestación, si molesta o no el hecho de tapar, apagar, o no.

La utilización de las baquetas generalmente se deja a la elección del Timpanista aunque hay compositores (cada vez más) que sugieren el tipo de baqueta que quieren que se utilice. Pienso en lo personal que para la mayoría de las obras tres o cuatro pares de baquetas son suficientes. Estas suelen ser blandas para sonidos piano y legatos, medianas para usos generales, duras para golpes staccatos y secciones rítmicas y muy duras o de madera para usos específicos exigidos por compositores como Stravinsky, etc. También las hay de cabeza de corcho, de esponja, de goma y muchas más que sugieren los compositores más modernos. En fin, elegir la baqueta adecuada para el momento adecuado es un arte que solo se aprende con la experiencia. Pero desde luego no creo que hagan falta cincuenta pares de baquetas en un cajón de cara a la galería.

Otro aspecto es la elección de los Timbales para cada nota. Me explico: Los Timbales tienen distintos diámetros. Generalmente, dependiendo de las marcas los hay de 32”, 29”, 26” y 23” y aún otro más pequeño llamado Timpani piccolo. A más anchura del tambor, más apropiado para los sonidos graves. Pero se da el caso que un mismo sonido, a una misma tesitura, puede ser afinado en dos Timbales. Un sonido DO puede ser afinado en el Timbal de 29” o el de 26”. En el más ancho sonará más tenso y en el otro sonará más dulce y más sonoro. Hay que elegir cual Timbal es el más apropiado para cada momento. Aquí tenemos un problema de gusto.

La afinación es un aspecto fundamental. El Timpanista debe poseer un oído musical y armónico excelente y saber afinar sin necesidad de artilugios mecánicos aunque estos puedan ser útiles en determinados momentos de una obra. Hay que tener cuidado con los afinadores digitales, muy comunes hoy en día porque la afinación en conjunto de una orquesta, puede y suele ser relativa y no exacta. El sonido LA no es suficiente, hay que interrelacionarlo con otras notas. Eso lo saben bien los afinadores de pianos. Claro que ajustar bien los indicadores de afinación antes del concierto es muy útil pero yo personalmente confío más en el oído. No es lo mismo un DO en funciones de Tónica que el mismo sonido en funciones de Dominante. Por lo menos así lo percibo yo. En medio de un concierto hay que saber hacer cambios de afinación en medio de sonoridades extrañas. No se debe olvidar ser capaz de cantar y percibir todo tipo de intervalos melódicos y armónicos. Con la práctica y el tiempo un Timpanista puede llegar a escuchar interiormente un fragmento de música que sonará en el futuro, por ejemplo, dentro de 24 compases. Los estudios de Armonía (poseer un oído Armónico) ayudan a entender mejor la música que se toca. Sin un oído musical bien entrenado es imposible ser un buen Timpanista.

Como quiera que sea, la música también es un espectáculo visual y los Timpanistas somos muy propensos a lucirnos en escena. ¡Normal! ¡Somos un poco narcisistas! Desde luego que hay golpes o sonidos que se producen levantando mucho las manos y hay algunos que convierten esto en un arte. Pero un músico no debe desviar nunca la atención del público del objetivo principal que es la música. A mis alumnos les digo que los movimientos superfluos que hacemos los Timpanistas tienen que producirse por razones técnicas y por temperamento natural propio; que no deben imitar a un Timpanista solo porque luzca bien sino por sus resultados musicales. Siempre les enseño cómo lo haría yo pero que ellos tienen que encontrar sus propios movimientos dentro de lo que son los convencionalismos de la técnica.

Un último aspecto, sin pretender que esto sea una tesis doctoral, es la vinculación del Timpanista con el director de la orquesta. En determinados pasajes musicales somos su principal ayuda para conseguir ritmo, tensión, exactitud, cambios de tiempo. Si adivinamos su pensamiento seremos su mejor aliado en concierto.

Finalmente quiero decir que los Timbales a diferencia del violín, siguen evolucionando en su morfología ya que los compositores siguen encontrando y proponiendo nuevas utilizaciones incluso como instrumento solista.

Resumiendo, lo esencial para ser un buen Timpanista:

  • Oído relativo excelente.
  • Gusto musical.
  • Técnica apropiada. Refinamiento del redoble y de los “apagados”
  • Estudios de Armonía. Nos ayudará muchísimo.
  • Saber elegir las baquetas adecuadas para cada pasaje musical.
  • Nunca perder de vista la mano del director.
  • Saber oír a la orquesta, principalmente a los violines!
  • ¡Ah! ¡No beber en exceso!

Y que nadie olvide una cosa: ¡Los Timbaleros somos bichos especiales!

Marcos Valcárcel Gregorio. Junio, 2010.

3 Respuestas a “LOS TIMPANISTAS

  1. Bravo Maestro!!! Sabes que que soy una admiradora de tu trabajo, y esta es una clase magistral que muchos debían leer, los percusionistas no son generadores de ruidos , sino embellecedores de la música, y eso tu lo has explicado excelentemente.
    Enhorabuena!!!

  2. Bravo, hijo. No me he arrepentido nunca de haberlos encaminado a Uds. dos pues no me desencantaron.
    Es una excelente crónica para muchos que desconocen la belleza y utilidad que aportan los timbales a la Orquesta.

  3. EXCELENTE CLASE FELICITO PIR TU GRAN LABOR AMIGO CUBANO.
    HE TOMADO CLAES CON MAESTROS CUBANOS COM O LAUREANO RIGOL DAMARIK CONOZCO A RICARDO BARREDA .
    SON UNOS GRANDES MUSICOS AL IGUAL QUE USTED.
    ACTUALMENTE TOCO EN LA ORQUESTA SINFONICA NACIONAL DEL PERU Y ME ALEGRA MUCHO LEER Y APRENDER MAS CON SU GRAN CLASES MAESTRA DE TIMABLES.
    MUCHA EXPERCIENCIA Y GRACIAS POR COMPARTIR SUS CONOCIEMNTOS.
    MABEL GARCIA DESDE LIMA PERU

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