Archivo de la categoría: Profesores de Percusión

La Escuela Nacional de Arte. ENA. Mis recuerdos. Séptima Parte y Final.

  

Y llegó Mario Hidalgo. Sustituyó a Berta Serguera después de aquel episodio en el campamento “La Felicidad” en la Isla de la Juventud. (La ENA 5 parte)

A su llegada yo no estaba en la escuela ya que mi hermano y yo les habíamos rogado a nuestros padres que nos permitieran estudiar en la calle, fuera del internado, en el conservatorio “Amadeo Roldán” después de cinco años internados en la ENA. Nos oyeron y así pasamos dos cursos en aquella otra distinguida institución habanera. Pero, como resultado de una reorganización de la enseñanza de la música en Cuba, tuvimos que volver a la ENA para terminar nuestros estudios en lo que se llamó Escuela de Instrumentistas.

En relación al régimen de internado, fueron mis mejores años en la ENA ya que me vi, con 17 años, en pleno desarrollo de mi adolescencia, con mis primeros amores, con más “calle” y más consciente del por qué de mi futura carrera como músico. Además, recuerdo que constantemente le pedíamos pase a Pancho (director de internado) y este nos lo concedía. Pero también puedo recordar la etapa de Mario Hidalgo, la que yo viví, como una época bastante dura y con muchas contradicciones. Fueron los años 1968 – 1970: Ofensiva revolucionaria y Zafra de los 10 millones.

Tal parece que después del “relajo” que se armó en aquel campamento de “La Felicidad” en la Isla de la Juventud, Mario Hidalgo entró con instrucciones de apretarle la tuerca a aquellos ‘artistas burguesitos y medio marinconcitos de la ENA’. Y, no recuerdo las fechas exactas, pero en aquellos dos cursos fuimos dos veces, en un mismo año, a la Isla. También durante la Zafra de los 10 millones, íbamos al corte de caña cada 15 días, los fines de semana, a los campos del central Habana Libre. Aquello fue de “Apaga y Vete”!!!

Banda ENA2

Pero también recuerdo que hicimos el primer grupo de Percusión, con los instrumentos prestados de la Sinfónica Nacional gracias a las gestiones de nuestro profesor Domingo Aragú y el entusiasmo de nuestro compañero y colega Rene Vergara Gómez “Tommy”. Recuerdo que en esa época es que tocamos con la banda del maestro Marcos Urbay y la Sinfónica dirigida por el maestro Enrique Gonzáles Mantici. Recuerdo que, entre otras cosas, tocamos el Bolero de Ravel y la Obertura de Don Juan de Mozart.

Concluyendo, he tratado de resumir en siete historias mis recuerdos más relevantes de la ENA entre los años 1962 a 1970, este último, fecha de mi graduación.

Pasaron muchas cosas y muchas gentes; mejores y peores, como en todo lugar que se precie de educar a una gran cantidad de personas de toda clase, provenientes de todo el país. No le guardo ningún rencor a ningún compañero ni a ningún director. Con estos últimos nunca tuve ningún problema. De algún cuadro medio si tengo algún mal recuerdo por extremismo.

Muy a sus pesares, los que seguimos en este mundo hemos evolucionado y creo que para mejor.

A pesar de las distancias ‘de todo tipo’ seguimos siendo colegas y compañeros de toda la vida. Nuestra Escuela Nacional de Arte (ENA) y su continuación en el Instituto Superior de Arte (ISA) nos prepararon para vivir en este mundo, donde quiera que nos encontráramos. Y estoy muy orgulloso de haber sido fundador de ambas instituciones. Nuestros profesores y empleados de estas escuelas fueron los fundadores de un fenómeno que después se expandió por todo el país. Un fenómeno del cual todavía muchos se preguntan cómo pudo ser en un país pequeño y sin grandes recursos económicos.

Las cosas han cambiado como todo en esta vida, pero me gustaría que el espíritu y la ética de la enseñanza de esos años perduraran en nuestro país: La enseñanza pública y gratuita con la necesaria selección pero al alcance de todos y sin que prime el ánimo de lucro. Nuestros profesores fueron grandes y no se lucraron con nosotros.

Un día un alumno mío del ISA me dijo que estaba aburrido de la palabra Socialismo. Yo lo miré y le pregunte de qué parte de Cuba era. Me contestó que de Guantánamo (la última provincia de Cuba) y entonces le pregunté a que se dedicaban sus padres y me dijo que a la agricultura. Entonces le seguí preguntando si sus padres manejaban un tractor y me dijo que no, que sembraban hierba para el ganado…! Entonces le dije que si no fuera por esa palabra – Socialismo- que tanto odiaba, quizá no estuviera en la capital del país con una beca del gobierno estudiando en la mejor institución del país.

Eran otros tiempos.

Y entonces ¿por qué te fuiste de Cuba Marcos? Es la pregunta que se suele hacer. Eso es harina de otro costal. Nunca quise irme de mi país pero la vida a veces te pone a prueba y hace veinte años tomé la decisión de emigrar a España, mi segunda patria, después de devolverle a mi país, durante veinte años, lo que gratuitamente me enseñó. El pasaje a España me lo pagué yo.

Siempre estaré agradecido a mis profesores, mis escuelas y a mi país.

Nadie nunca me puso trabas.

Marcos Valcárcel Gregorio. Noviembre del 2011.

La ENA 1,   La ENA 2,    La ENA 3,    La ENA 4,    La ENA 5,    La ENA 6

Anuncios

El “MANOTEO” Ejercicio para las Tumbadoras o Congas.

Quizás uno de los ejercicios técnicos más importantes,  a tener en cuenta en las Tumbadoras o Congas, es el llamado “manoteo” Este es un movimiento mecánico de las manos que se emplea mucho en algunos ritmos y solos.

IMPORTANTE: Cada sonido tiene una calidad distinta pero deben sonar iguales en intensidad.

Ejem: 1

(Ver NOTACIÓN al final)

Se puede practicar de diversas maneras. Por ejemplo: Primero separadamente con cada mano:

Ejem: 2

Después como en el Ejem. 1.
 
A continuación se pueden combinar distintos ritmos:
 
Ejem: 3
 
 
También así:

 Ejem. 4
 

Este anterior ejercicio también se puede practicar con manos separadas. Es muy efectivo.

 
 
 

El Manoteo. Ejercicio para las Tumbadoras o Congas. PDF

Puedes encontrar más ejercicios en mi libro:

LA PERCUSIÓN POPULAR DE CUBA

Comprar aquí:  Amazon.es o Amazon.com

 
Marcos Valcárcel Gregorio. Abril, 2011.
 
 
 
 
 
 
 
—————————————————————————–

LUIS ARAGÚ. PERCUSIONISTA CUBANO.

Timpanista y Percusionista en general. Músico de gran cultura. Hace unos días me enteré de su fallecimiento en La Habana, Cuba, por causas de ‘esa’ insoportable e injusta enfermedad. Supongo que tendría alrededor de 75 años.
Luis me vio nacer y años después tuve la oportunidad de ser su colega, durante veinte años,  en la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.
Fui admirador de su peculiar personalidad. Con él aprendí muchísimas cosas y compartí momentos inolvidables.
Este quiere ser mi pequeño homenaje.
Que E.P.D. Luis. Siempre te tendré presente.
Marcos Valcárcel Gregorio.

La Escuela Nacional de Arte de La Habana. (ENA) Mis recuerdos. Tercera parte.

1000421_10151478742396186_895894792_n

Creo firmemente que las cosas deben valorarse dentro de su contexto histórico y no desde la distancia de los años. Es decir, todo tiene su “por qué” Así trato de recordar estos años y mis recuerdos tratan de ser lo más exactos posibles.

El nombramiento de Bertha Serguera como directora general de la ENA (no recuerdo el año exacto)  marcó un nuevo rumbo que duró varios años. Para bien o para mal, se instauró una disciplina semi-militar, común en todo el sistema de internado nacional de casi más de cien mil becarios del gobierno. Quizá no era lo más apropiado para una escuela de Arte, pero así fue y repito, no fue exclusivo para la ENA.

Eso supuso una nueva organización de los albergues, casas o viviendas de los alumnos en pelotones y compañías militares. Recuerdo que nos despertaban a las 7 de la mañana. A las 7 y media había que estar fuera de la casa, en formación militar, por pelotones y compañías. Cada casa o albergue tenía un alumno-jefe de pelotón que se subordinaba a un jefe de compañía, también alumno. Estos eran designados por la escuela.

Una vez formados en la calle, se pasaba revista y nos trasladábamos, en fila india, al comedor central (el antiguo hotel), a un kilómetro de distancia, para desayunar. Las camas, las habitaciones, debían quedar debidamente ordenadas y recogidas.

En una plaza, frente a la entrada del edificio central se reunían todas las compañías (militares) una por cada especialidad (Música, Danza, Artes Plásticas, etc…) para hacer el Matutino. En ese acto se izaba la bandera al compás del Himno Nacional interpretado por la Banda de alumnos. También en ese momento aprovechaban para dar las consignas del día y ver quién estaba más peludo de la cuenta. Después se pasaba al comedor para el desayuno. Terminado este nos dirigíamos individualmente a las respectivas escuelas y actividades.

A cada alumno se le entregaba a principios de curso dos uniformes completos que incluían botas militares para los varones y zapatos para las mujeres, calcetines y ropa interior. El calzado se reponía cuando se gastaba. Los alumnos del interior del país disponían de lavandería. Esta también se ocupaba de las sábanas y toallas que se sustituían dos veces por semana.

La limpieza en las casas-albergues las realizaban los propios alumnos según un orden establecido semanalmente. Cada alumno sabía lo que tenía que hacer.

Estaba totalmente prohibido ausentarse de la escuela durante la semana. Como ya dije en una entrada anterior, los permisos (pases) para ir a casa eran los fines de semana. Por lo tanto uno de los peores castigos era quedarse sin ir a casa.

Semanalmente, el viernes, se hacía una Corte Militar. Esta consistía en reunir a todos lo alumnos de una compañía y someterlos a un juicio sobre su conducta semanal. Para eso había un sistema de puntos. Si en la semana sumabas más de 10 perdías el pase de fin de semana. Los puntos los imponían los instructores que eran un cuerpo de alumnos designados por la dirección general de la escuela. Si un instructor te sorprendía en una infracción, según el tipo, te ponía un reporte de equis puntos. Todo se juzgaría en la Corte Militar semanal.

Sobre ese particular hay muchísimas anécdotas. Algunos alumnos eran verdaderos temerarios en el arte de saltarse la disciplina.

La Corte Militar se desarrollaba en el salón principal del edificio que, todavía hoy,  se encuentra a continuación de la entrada principal. El Tribunal estaba compuesto por alumnos instructores y el subdirector de disciplina de turno.

Cada alumno tenía un número asignado. Si tenías algún reporte le llamaban por su número:

–         ¡710! Llamaban los del Tribunal.

–         ¡Aquí! Respondía el alumno.

–         ¡Acá! Y el “acusado” se acercaba al frente del Tribunal y se paraba en posición militar de atención. El Tribunal le ordenaba que se pusiera en posición de descanso y procedía a decirle:

–         Tiene Ud. un reporte por llegar tarde a la formación el día 14 a las 7 y treinta de la mañana.. ¿Qué tiene que alegar?

–         ¡Permiso para acercarme al Tribunal!

–         Concedido.

Tras la debida explicación privada “estaba en el baño porque me hallaba descompuesto” el Tribunal decidía: ABSUELTO! Puede retirarse.

Pero había casos célebres como el de Edilberto Cardoso. No faltaba a una Corte. Siempre estaba convocado, por una causa u por otra. Mi pobre amigo siempre estaba castigado por sus “indisciplinas” Era un tipo rebelde por naturaleza. Estudiaba clarinete y era un muchacho de la provincia de Camagüey.

Era de esos que le llamábamos “guaposo” por su forma chulesca de vivir y vestir. Edilberto tenía su propia forma de ser. Usaba la camisa del uniforme por fuera de la cintura del pantalón, cuando lo reglamentario era usarla por dentro. Los bajos del pantalón, con filo incluido, los usaba a medio meter entre las botas, cuando el reglamento decía que había que meterlo completo, tipo militar, etc…O sea, un verdadero “guaposo” de la época. Y asi se presentaba delante de la Corte todas las semanas, con clarinete en la mano incluido! Y agitando al Tribunal para que lo condenaran rápido, ya que decía que no podía perder tiempo, que tenía que estudiar!

En otra ocasión a los músicos de la Banda de Música, entre los que me encontraba yo y mi hermano, nos dejaron un mes sin pase gracias a nuestro querido amigo Arturito Sandoval. En pleno desarrollo del matutino e interpretando el Himno Nacional a Arturo se le ocurrió tocar su parte de trompeta del himno ¡en la octava alta del instrumento! Se consideró una falta grave al Himno y a la Bandera. ¡Pagamos todos justos por pecadores!

Otro alumno ilustre, entre muchos, era mi amigo Andrés Escalona, actual primer contrabajista de la Orquesta Sinfónica Nacional. A este le decíamos Juan Sebastián Bach porque era el rey de la “Fuga” Siempre andaba escapado de la escuela y nunca lo sorprendían!

Esto era por los años 64 o 65.  ¡Que tiempos aquellos!

Hoy las cosas ya no son así. La organización disciplinaria hace rato perdió su caracter militar. Eran otros tiempos y quizá desde la distancia de los años todo puede parecer excesivo. Yo no lo voy a  juzgar. Prefiero pensar en las cosas positivas que me ayudaron a ser músico y persona y creo que esta etapa de mi vida fue importante.

En la próxima entrada trataré de hablar de esas cosas.

Continuará….La ENA Cuarta parte.

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre de 2009.

La Escuela Nacional de Arte de La Habana. (ENA) Mis recuerdos. Segunda parte.

La vida en la escuela se desarrollaba de Lunes a Sábado. Al principio las clases de Música se daban por las mañanas y las de Enseñanza General por las tardes. Cada tipo de escuela tenía su director. Las clases de Música tenían un horario de 8:00 a 12:00 y las de Escolaridad (así le llamábamos) comenzaban después del almuerzo, a las 2:00 de la tarde hasta las 6:00.

Por las noches, después de comer se desarrollaban las horas de estudio en las casas – albergues. En cada una había varios pianos de pared en donde, por mutuo acuerdo, los alumnos se turnaban para estudiar. Los de otros instrumentos también estudiaban en cuanto rincón se podía. Por lo tanto, la noche era un hervidero de sonidos en cada casa.

Por suerte había pocos vecinos en los alrededores y además, las casas estaban bastante separadas entre si. Téngase en cuenta que eran chalets con jardines y casi todas con piscinas, pero estas se mantenían vacías  quizá por precaución con los niños. No lo sé. Y cuando llovía mucho se llenaban de lodo y variados tipos de ranas y sapos. El barrio era oscuro por regla general y tenía su propio microclima, con muchas arboledas y mucha humedad.

La disciplina en las casas era controlada por la “tía” que cuidaba la casa correspondiente. Entre las legendarias se encontraba Nievecita. Era una mujercita negra, delgadita, pequeña y muy nerviosa, pero tenía una energía a prueba de fuego. La recuerdo siempre vestida de blanco y muy limpia. La casa que ella cuidaba estaba siempre impecablemente limpia y ordenada. También la casa en que vivíamos mi hermano y yo. María, nuestra responsable nos metía en el baño, en cueros, de tres en tres y nos enseñaba como si fuéramos sus propios hijos. Nunca vi golpes ni maltratos. Algún agarrón por los brazos sí, pero con el cariño de una madre. Claro que había alguna más estricta que otra. Nievecita era muy estricta. Todas ellas vivían y dormían con nosotros durante la semana. Los que éramos de la ciudad nos íbamos a casa el fin de semana y los que no se quedaban en la escuela. De vez en cuando iban a sus provincias.

Otra de las tías legendarias era Gisela. Esta señora imponía un respeto tremendo. Era como un fantasma porque allí donde había un relajo aparecía ella, A CUALQUIER HORA!!! Deambulaba por todo el barrio el día entero, lo mismo a la mañana, la tarde o la madrugada. Le teníamos respeto – “repeto”, decía ella –  y cariño a la vez.

También recuerdo a María Teresa, una señora mayor con moño en la cabeza, que todas las mañanas nos levantaba de la cama a las 7 y media de la mañana – hora reglamentaria – con una regla en la mano tocándonos por los pies, uno a uno y nos decía muy bajito y despacito: ¡Arriba mijito! ¡Arriba mijito!

Tuve otra responsable que nos levantaba tumbando, golpeando las puertas de las habitaciones! ¡Arriba, de pié todo el mundo!

¿Y que decir de Carmen? Esta señora, También negra, de tipo muy varonil, tengo entendido que había sido sirvienta de una familia que había vivido en una mansión del barrio, parecida o copia de la casa de la película “Lo Que El Viento Se Llevó” También había practicado el tenis y mantenía una musculatura impresionante. Esta mujer era empleada del comedor. Pero era una defensora de todos los alumnos y se daba a querer.

Casa Lo que el viento se llevo2

¿Y Luís? A ese si que lo conocíamos bien. Era el encargado de controlar la entrada al comedor (a veces nos dejaba comer doble) y además muy conocedor del golf y el béisbol. En el antiguo Country Club había trabajado como “caddie” (el que lleva los palos y maneja los carritos) del sitio. Este señor era un personaje por su forma de ser, su forma muy peculiar al hablar, con un acento típico del barrio de Marianao, su compenetración con todos los alumnos, niños y mayores. En sus ratos libres lo mismo nos enseñaba los secretos del golf u organizaba equipos de béisbol. Vivía sólo en una casita a la entrada del edificio central. Era un hombre delgado y ya entrado en años, quizá muy mal cuidados. Parecía tener mal carácter pero era todo lo contrario.

Un día, de noche, estábamos viendo por la TV, en el salón principal del edificio, uno de los clásicos partidos de Béisbol entre EE.UU. y Cuba. Éramos un grupo de 30 o 40 muchachos agrupados frente a la TV. El juego estaba tenso y Luís se ponía de mal humor y sólo sabía decir: ¡Hay que jugar al toque de bola! En un momento del juego el equipo de EE.UU. se puso al frente y Luís apagó el televisor del encabronamiento que cogió. Cerró los ojos, levantó el dedo y nos dijo que nos fuéramos para los albergues. Pero sabíamos que solo era para callarnos la boca y por eso nos quedamos por ahí dando vueltas a ver qué pasaba. A los pocos minutos volvió a encender el aparato y se produjo un “squeeze-play” (jugada sorpresa en Béisbol) exitoso a favor de Cuba. Empezó a gritarnos, cerrando los ojos y apuntando con el dedo hacía arriba: ¡Ya te lo dije, ya te lo dije! ¡Hay que tocar la bola!

Así eran los primeros empleados de la ENA. Hay muchos más, como los cocineros Partagás, Mario el gordo y Roselló o Pelegrín el repostero. Pedro y Luís, los barberos que nos cortaban el pelo cada 20 días… Los de la enfermería, los mecánicos de las dos guaguas Skoda, Gorrita, el chofer de la “polaquita”etc. Todos ellos hicieron historia en la escuela. Pero las anécdotas son innumerables y quizá otra persona con más tiempo y memoria pueda relatarlas.

Fin de la segunda parte.

continuará… La ENA Tercera parte.

Marcos Valcárcel Gregorio, Octubre, 2009.

MI PADRE MARCOS A. VALCÁRCEL DOMÍNGUEZ (Segunda Parte)

 

En su primer viaje a EE.UU. mi padre tuvo la oportunidad de conocer a Saul Goodman y saber de su labor como profesor, músico y constructor de timbales y baquetas.

Mi padre me cuenta que fue recibido en Deerwood Camp. con mucha distinción por parte de todos. Ahí se desarrollaron cursos de verano de distintas especialidades artísticas, durante varios años.

Durante ese cursillo Mr. Goodman escribió una pieza cómica, su “Scherzo for Percussion”, que dedicó a mi padre. En realidad es un trío sencillo, corto, pero con mucha efectividad. Goodman quiso que mi padre tocara la parte de timpani con …un tabaco (puro) en la boca! Nunca he visto a mi padre con un tabaco en la boca!

 

Este primer viaje sirvió para construir una amistad que duró años.

 

Al año siguiente se repitió la visita pero mi padre no pudo llegar a tiempo al cursillo por problemas de permiso laboral y visado. Entonces Mr. Goodman invitó personalmente a mi padre a alojarse en su propia casa y brindarle clases en Julliard. Así mi padre tuvo el privilegio de asistir gratuitamente a ese prestigioso centro y además, acompañar a Mr. Goodman a los ensayos de la Filarmónica de Nueva York. Las clases las recibía lo mismo en la sede de la orquesta o en Julliard.

Recuerda mi padre que después de los almuerzos en casa del maestro, bajaban juntos al sótano de la casa y se tomaban un whisky. Después se ponían a ponerle los letreros con un artilugio a sus famosas baquetas de timpani.

También en ese viaje, de casi un mes, mi padre pudo conocer los timbales Goodman. De ahí que se encargara un juego de 4 para la Filarmónica de La Habana. ¡Todavía existen!

 

Yo le he preguntado a mi padre el por qué de toda esa amabilidad personal de Mr. Goodman con él. Yo se que mi viejo es capaz de ganarse la simpatía de cualquier persona en el mundo. Los que lo conocen saben que no miento. Pero él me responde que cree que Saul Goodman le tenía mucho aprecio profesional a Domingo Aragú. Aunque nunca tuvieron la oportunidad de conocerse personalmente, si se admiraban mucho uno y otro. Aragú tuvo oportunidad de escuchar grabaciones de la Orquesta Filarmónica de Nueva York pero quizá Mr. Goodman ninguna de la orquesta habanera. Lo que si es cierto es que algunos famosos directores de orquesta que pasaban por La Habana después iban a Nueva York y ahí comentaban sobre el gran timpanista mulato cubano. Quizá esto fue lo que movió a Saul Goodman a brindarle hospitalidad a mi padre, alumno recomendado por el admirado colega cubano.

 

Entre los L.P. que mi padre conservaba de su estancia en Nueva York estaba:

Mallets, Melody, and Mayhem, Saul Goodman (Columbia). Este disco un día se lo prestó a un amigo y más nunca volvió a tenerlo entre sus manos, lo perdió. Mi padre tuvo un gran disgusto. En años recientes yo recuperé el disco a través de Internet y se lo regalé. De la emoción se echó a llorar. Toda su vida se ha sentido muy agradecido a Saul Goodman y también muy orgulloso de haber podido recibir sus clases.

 

Fin de la segunda parte.

 

continuará…

TERCERA PARTE y FINAL: http://wp.me/pzpnH-6z

 

Mi Padre MARCO A. VALCÁRCEL DOMÍNGUEZ (Primera parte)

mi padre y yo

Sobre mi padre se podría escribir una novela.

Nació en el año 1926 y aún sigue entre nosotros, queriendo trabajar y dar sus clases de Percusión. *

Desde niño tuvo una vida dura ya que se quedó huérfano de padre a los 9 años. Su padre fue asesinado por una banda paramilitar en el año 1933. Entonces ingresó en la antigua Casa de Beneficencia de La Habana que antiguamente se encontraba en los terrenos que hoy ocupa el Hospital “ Hermanos Ameijeiras”

En esa escuela comenzó sus primeros pasos en la música aprendiendo a tocar el Clarinete. De ahí que su amigo del barrio Los Pinos, José A. Méndez, le pidiera que pusiera en música su canción “La Gloria Eres Tu”

Terminados sus estudios generales en la Beneficencia, recibió una beca para estudiar el bachillerato en el prestigioso colegio BALDOR, también en La Habana.

Ya graduado, con excelentes calificaciones, y con habilidades para la pintura y las artes en general, comenzó a estudiar arquitectura en la Universidad de La Habana. Poco duró, ya que tuvo que empezar a trabajar en una imprenta en la calle Obispo.

Empezó a recibir clases de Percusión del maestro Domingo Aragú y en el año 1948 comenzó a trabajar en la Banda Nacional de la Policía. Ahí desarrolló sus habilidades como Timpanista. Un día el maestro Aragú le dijo que ya él no podía enseñarle más nada y le recomendó tratar de recibir clases de Saul Goodman, timpanista de la Filarmónica de Nueva York y profesor de la Julliard School.

Ni Aragú ni mi padre conocían personalmente a Mr. Goodman. Pero mi padre, con su optimismo innato, se decidió a escribirle, sin esperanza alguna de que este famoso profesor le contestara.

Pero su sorpresa fue mayúscula cuando Mr. Goodman le contestó personalmente y le ofreció la posibilidad de participar en un campamento de verano en Deerwood Camp, con los gastos del curso pagados. Sólo tendría que costearse el viaje.

En un principio a mi padre no lo autorizaban en su trabajo de la Banda, pero al conseguir esta generosa invitación y sabiendo la dirección de la banda de quien procedía, inmediatamente le otorgaron el permiso.

Y allá se fue mi padre, en el año 1956, a su primer viaje a Nueva York, sin apenas conocer el inglés.

Hizo una travesía desde La Habana hasta Miami en avión y de esa ciudad hasta Nueva York en autobús de linea en donde lo esperó Saul Goodman para llevarlo a Deerwood Camp.

La anécdota es que, mi padre, sin conocer Nueva York se bajó, de noche, en una estación cerca de Harlem. Desde allí telefoneó a Mr. Goodman. Este le preguntó en dónde estaba:

  • ¡Oh, my God! ¡For Christ sake! ¡Tell me exactly where are you!

  • I’m in Harlem, contestó mi padre.

  • ¡Get the hell out of there, for Christ sake! and take a taxi to my hotel!!…

Mientras esperaba un taxi un mendigo le pidió una moneda y mi padre se hizo pasar por ruso y le dijo:

  • ¡TRASCA VIRISKI! – simulando hablar como un ruso y no entender.

A lo que contestó el mendigo:

  • ¡Goddamn Russians!

Y así fue su primera travesía por EE.UU. y su primer encuentro con Saul Goodman.

 Continuará…

* Mi padre falleció en Vigo, España, el 17 de Octubre de 2010. Yo estaba a su lado y les puedo decir que se marchó en paz consigo mismo y con todos.

Esta entrada se escribió un año antes.

SEGUNDA PARTE: http://wp.me/pzpnH-5U