Archivo de la categoría: MIS ESCRITOS

“El Juego Está Perdío”

Anécdotas de mi Sinfónica Nacional

¡El juego está perdío!

Esta frase la puso de moda en la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba el maestro Antonio Linares, trombonista y maestro de maestros.

Todos los que entendemos un poco el juego de Béisbol sabemos que “cuando hay pitcher no hay bateador” Para los menos entendidos, cuando el “pitcher”- el lanzador de las bolas- viene con buen control, es muy difícil batear la pelota por el bateador. Por el contrario, si el “pitcher” no controla los lanzamientos se dice que está “wild”, o sea, salvaje o descontrolado. En el caso de una orquesta el director es el “pitcher”, el que le lanza la bola a los músicos! que a su vez tratamos de batearle la bola! Ja Ja Ja!

El caso es que en los años en que yo pertenecí a la OSN se celebraban conciertos semanales, con programas diferentes. Lo más jodido era que muchas veces nos enterábamos de las obras a ensayar el mismo día del primer ensayo. Así que aquello era de… Sálvese Quién Pueda.

También había un director diferente en cada concierto. Y dos o tres veces al mes venían directores de orquesta invitados extranjeros. Los músicos de la orquesta no siempre tocábamos en todos los conciertos. Rotábamos. Todo dependía del desconocido programa de cada semana. Por eso el primer día de ensayo teníamos que asistir todos, por si era necesario completar la plantilla normal.

Entonces en el primer ensayo se producía lo que supongo se produce en muchas orquestas: El director invitado, a medida que va a avanzando el ensayo, evalúa a los músicos y a  la orquesta, para él desconocidos. Y a su vez los músicos, los que tocan y los que no, hacen lo mismo con el director. Es una evaluación mutua. Los que hemos pertenecido a una orquesta sabemos descubrir en media hora de ensayo a qué “pitcher” nos enfrentamos y él a su vez, si es un buen director también descubre quiénes son los mejores músicos, los mejores “bateadores”, y qué equipo tiene.

El caso es que en nuestra orquesta, a la media hora del primer ensayo ya nuestro querido maestro Linares daba su veredicto. Si el director era bueno el comentario era que “el pitcher viene por la goma” (en el argot pelotero quiere decir que el pitcher viene con control de sus lanzamientos) pero si el director no mostraba suficiente sapiencia y carácter, no era bueno,  entonces decía: …¡Señores!…!El juego está perdío! ¡El “pitcher” está “wild”!  Ja Ja Ja!

¡Qué buenos momentos pasamos junto al simpático y carismático maestro de maestros Antonio Linares! ¡Qué el Señor lo tenga en la Gloria!

Marcos Valcárcel Gregorio, Octubre 2014

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La Escuela Nacional de Arte. ENA. Mis recuerdos. Séptima Parte y Final.

  

Y llegó Mario Hidalgo. Sustituyó a Berta Serguera después de aquel episodio en el campamento “La Felicidad” en la Isla de la Juventud. (La ENA 5 parte)

A su llegada yo no estaba en la escuela ya que mi hermano y yo les habíamos rogado a nuestros padres que nos permitieran estudiar en la calle, fuera del internado, en el conservatorio “Amadeo Roldán” después de cinco años internados en la ENA. Nos oyeron y así pasamos dos cursos en aquella otra distinguida institución habanera. Pero, como resultado de una reorganización de la enseñanza de la música en Cuba, tuvimos que volver a la ENA para terminar nuestros estudios en lo que se llamó Escuela de Instrumentistas.

En relación al régimen de internado, fueron mis mejores años en la ENA ya que me vi, con 17 años, en pleno desarrollo de mi adolescencia, con mis primeros amores, con más “calle” y más consciente del por qué de mi futura carrera como músico. Además, recuerdo que constantemente le pedíamos pase a Pancho (director de internado) y este nos lo concedía. Pero también puedo recordar la etapa de Mario Hidalgo, la que yo viví, como una época bastante dura y con muchas contradicciones. Fueron los años 1968 – 1970: Ofensiva revolucionaria y Zafra de los 10 millones.

Tal parece que después del “relajo” que se armó en aquel campamento de “La Felicidad” en la Isla de la Juventud, Mario Hidalgo entró con instrucciones de apretarle la tuerca a aquellos ‘artistas burguesitos y medio marinconcitos de la ENA’. Y, no recuerdo las fechas exactas, pero en aquellos dos cursos fuimos dos veces, en un mismo año, a la Isla. También durante la Zafra de los 10 millones, íbamos al corte de caña cada 15 días, los fines de semana, a los campos del central Habana Libre. Aquello fue de “Apaga y Vete”!!!

Banda ENA2

Pero también recuerdo que hicimos el primer grupo de Percusión, con los instrumentos prestados de la Sinfónica Nacional gracias a las gestiones de nuestro profesor Domingo Aragú y el entusiasmo de nuestro compañero y colega Rene Vergara Gómez “Tommy”. Recuerdo que en esa época es que tocamos con la banda del maestro Marcos Urbay y la Sinfónica dirigida por el maestro Enrique Gonzáles Mantici. Recuerdo que, entre otras cosas, tocamos el Bolero de Ravel y la Obertura de Don Juan de Mozart.

Concluyendo, he tratado de resumir en siete historias mis recuerdos más relevantes de la ENA entre los años 1962 a 1970, este último, fecha de mi graduación.

Pasaron muchas cosas y muchas gentes; mejores y peores, como en todo lugar que se precie de educar a una gran cantidad de personas de toda clase, provenientes de todo el país. No le guardo ningún rencor a ningún compañero ni a ningún director. Con estos últimos nunca tuve ningún problema. De algún cuadro medio si tengo algún mal recuerdo por extremismo.

Muy a sus pesares, los que seguimos en este mundo hemos evolucionado y creo que para mejor.

A pesar de las distancias ‘de todo tipo’ seguimos siendo colegas y compañeros de toda la vida. Nuestra Escuela Nacional de Arte (ENA) y su continuación en el Instituto Superior de Arte (ISA) nos prepararon para vivir en este mundo, donde quiera que nos encontráramos. Y estoy muy orgulloso de haber sido fundador de ambas instituciones. Nuestros profesores y empleados de estas escuelas fueron los fundadores de un fenómeno que después se expandió por todo el país. Un fenómeno del cual todavía muchos se preguntan cómo pudo ser en un país pequeño y sin grandes recursos económicos.

Las cosas han cambiado como todo en esta vida, pero me gustaría que el espíritu y la ética de la enseñanza de esos años perduraran en nuestro país: La enseñanza pública y gratuita con la necesaria selección pero al alcance de todos y sin que prime el ánimo de lucro. Nuestros profesores fueron grandes y no se lucraron con nosotros.

Un día un alumno mío del ISA me dijo que estaba aburrido de la palabra Socialismo. Yo lo miré y le pregunte de qué parte de Cuba era. Me contestó que de Guantánamo (la última provincia de Cuba) y entonces le pregunté a que se dedicaban sus padres y me dijo que a la agricultura. Entonces le seguí preguntando si sus padres manejaban un tractor y me dijo que no, que sembraban hierba para el ganado…! Entonces le dije que si no fuera por esa palabra – Socialismo- que tanto odiaba, quizá no estuviera en la capital del país con una beca del gobierno estudiando en la mejor institución del país.

Eran otros tiempos.

Y entonces ¿por qué te fuiste de Cuba Marcos? Es la pregunta que se suele hacer. Eso es harina de otro costal. Nunca quise irme de mi país pero la vida a veces te pone a prueba y hace veinte años tomé la decisión de emigrar a España, mi segunda patria, después de devolverle a mi país, durante veinte años, lo que gratuitamente me enseñó. El pasaje a España me lo pagué yo.

Siempre estaré agradecido a mis profesores, mis escuelas y a mi país.

Nadie nunca me puso trabas.

Marcos Valcárcel Gregorio. Noviembre del 2011.

La ENA 1,   La ENA 2,    La ENA 3,    La ENA 4,    La ENA 5,    La ENA 6

El “MANOTEO” Ejercicio para las Tumbadoras o Congas.

Quizás uno de los ejercicios técnicos más importantes,  a tener en cuenta en las Tumbadoras o Congas, es el llamado “manoteo” Este es un movimiento mecánico de las manos que se emplea mucho en algunos ritmos y solos.

IMPORTANTE: Cada sonido tiene una calidad distinta pero deben sonar iguales en intensidad.

Ejem: 1

(Ver NOTACIÓN al final)

Se puede practicar de diversas maneras. Por ejemplo: Primero separadamente con cada mano:

Ejem: 2

Después como en el Ejem. 1.
 
A continuación se pueden combinar distintos ritmos:
 
Ejem: 3
 
 
También así:

 Ejem. 4
 

Este anterior ejercicio también se puede practicar con manos separadas. Es muy efectivo.

 
 
 

El Manoteo. Ejercicio para las Tumbadoras o Congas. PDF

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LA PERCUSIÓN POPULAR DE CUBA

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Marcos Valcárcel Gregorio. Abril, 2011.
 
 
 
 
 
 
 
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LUIS ARAGÚ. PERCUSIONISTA CUBANO.

Timpanista y Percusionista en general. Músico de gran cultura. Hace unos días me enteré de su fallecimiento en La Habana, Cuba, por causas de ‘esa’ insoportable e injusta enfermedad. Supongo que tendría alrededor de 75 años.
Luis me vio nacer y años después tuve la oportunidad de ser su colega, durante veinte años,  en la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.
Fui admirador de su peculiar personalidad. Con él aprendí muchísimas cosas y compartí momentos inolvidables.
Este quiere ser mi pequeño homenaje.
Que E.P.D. Luis. Siempre te tendré presente.
Marcos Valcárcel Gregorio.

LOS TIMPANISTAS

Soy músico, soy percusionista pero esencialmente soy Timpanista, o sea, para los que no lo saben, un músico que toca los timbales o Timpani en una orquesta u otra agrupación instrumental. Desde que nací estaba predestinado a serlo ya que mi padre lo era en la Banda de la Policía Nacional de Cuba y más tarde de la Orquesta de Ballet y Ópera de La Habana, heredera de la Orquesta de la Zarzuela fundada en el año 1962.

Como he escrito en anteriores entradas, mi padre había estudiado con dos grandes maestros del instrumento: Domingo Aragú en La Habana y Saul Goodman en New York. De ahí su pasión por este instrumento. Ese amor, esa idiosincrasia adquirida nos la transmitió nuestro padre a mi hermano Jorge y a mí. Teníamos 5 y 6 años respectivamente e indirectamente escuchábamos desde un tocadiscos música clásica que también él cantaba o silbaba. Además se ocupaba, trataba de indicarnos, de una forma muy lúdica y apasionada, las principales melodías de las obras y las intervenciones del Timpani.

El día que nos dijo: …”van a estudiar Percusión”…  yo no sabía qué cosa era eso, pero si sabía perfectamente qué eran los Timbales. Recuerdo cuando nos llevó a un concierto en el Teatro  auditorio “Amadeo Roldán” de La Habana, en que actuaba la Sinfónica Nacional de la antigua U.R.S.S. con Kiril Kondrashin en la dirección y el violinista David Oistrakh como solista principal. Para finalizar el concierto se tocó la obertura de la ópera Tanhausser de Wagner. Recuerdo la emoción de mi padre viendo y oyendo al timpanista Eddy Galoyan hacer los redobles finales en sus flamantes timbales Premier. O sea, desde pequeños conocimos esa psicología mística que envuelve a un músico timpanista, el escenario de un teatro de conciertos, el foso de una orquesta y su trasfondo, los timbales, la música, sus sonidos, la particular visión de la escena, sus secretos, la interrelación de los músicos con el director, las bromas, el oficio de músico, en fin, “el fantasma de la ópera”. Aprendimos también a perder el miedo escénico y a sentirnos parte en ese mundo como si fuera nuestra propia casa.

Pero también aprendimos temprano los pequeños y grandes secretos de la percusión y en particular de ese instrumento llamado Timpani o el nombre más castizo de Timbales.

Creo que todos los músicos tienen una especial relación con su instrumento y de su papel dentro de una orquesta o agrupación pero yo sólo conozco lo que se siente detrás de unos Timbales y ciertamente te sientes muy importante. Estás detrás de cinco grandes tambores que pueden con toda una orquesta. Te sientes el músico más importante de la misma y con un poder tremendo en tus manos. Te sientes muy especial, muy valorado y muy admirado. De eso supimos mi hermano y yo siendo, más tarde, miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.

El Timpanista – que es como yo prefiero llamarlo – contrariamente a lo que piensan muchos, es uno de los músicos de la orquesta que más gusto musical debe poseer. Creo que eso es más importante que tener una excelente técnica aunque esto también es deseable ya que esto último es  lo que te permite interpretar mejor lo que sientes y quieres hacer. Pero el gusto musical, repito, es fundamental. Obviamente todos los músicos de una orquesta tienen que reunir esos requisitos pero el Timpanista muchas veces toca sólo, decide, ayuda y para eso, en determinados momentos, también hay que tener un poco de coraje. No vale solo con tener una técnica envidiable. Hay que saber adivinar el sentido de la música, su carácter, etc. El instrumento en sí no es tan difícil como un Violín o una Trompa. Probablemente los estudios que encontramos en los libros de la academia son más difíciles que la música que generalmente encontramos en la vida profesional real.

Los Timbales cumplen distintas funciones en la orquestación de una obra. No son unos simples tambores de una Batería. Lo son un tanto especiales que se afinan con sonidos graves y determinados. Su uso en la orquesta va desde el apoyo al ritmo, a las armonías en sus funciones principales hasta la creación de atmósferas y contrastes en las dinámicas. Pueden ser bruscos y determinantes pero también pueden ser sutiles, suaves o dulces. Suele creerse por muchos orquestadores que solo tocan la Tónica, Subdominante y Dominante ya que en sus inicios, es a lo que se les encomendaba debido a las limitaciones mecánicas para los cambios de afinación de los instrumentos de la época. Pero con el posterior desarrollo técnico de la mecánica, sus posibilidades orquestales aumentaron y los compositores del período Clásico y más aún en el Romanticismo y posteriores, supieron aprovechar estas mejoras. Se comenzaron a exigir distintos tipos de baquetas y afinaciones. No se limitarían a usarlo solo en funciones armónicas fundamentales. Se utilizarían de diferentes formas por el orquestador. Desde luego seguirían cumpliendo su misión rítmica y armónica original pero sus funciones se han ampliarían y los compositores y directores se harían más conocedores y exigentes.

El Timpanista debe saber afinar correcta y exactamente y cambiar rápidamente la afinación de sus timbales. Debe saber ejecutar golpes legato y staccato, saber elegir las baquetas para cada momento de la obra, cómo apagar o silenciar los parches adecuadamente. En este último sentido aconsejo a mis alumnos tapar, apagar, silenciar los parches en todos los estudios académicos para así adquirir la mejor técnica. Pero también les digo que en la práctica profesional el Timpanista debe sopesar las conveniencias o inconveniencias de esta acción. Y ese es uno de los problemas musicales que hay que aprender a hacer a través del conocimiento de la obra, su orquestación, si molesta o no el hecho de tapar, apagar, o no.

La utilización de las baquetas generalmente se deja a la elección del Timpanista aunque hay compositores (cada vez más) que sugieren el tipo de baqueta que quieren que se utilice. Pienso en lo personal que para la mayoría de las obras tres o cuatro pares de baquetas son suficientes. Estas suelen ser blandas para sonidos piano y legatos, medianas para usos generales, duras para golpes staccatos y secciones rítmicas y muy duras o de madera para usos específicos exigidos por compositores como Stravinsky, etc. También las hay de cabeza de corcho, de esponja, de goma y muchas más que sugieren los compositores más modernos. En fin, elegir la baqueta adecuada para el momento adecuado es un arte que solo se aprende con la experiencia. Pero desde luego no creo que hagan falta cincuenta pares de baquetas en un cajón de cara a la galería.

Otro aspecto es la elección de los Timbales para cada nota. Me explico: Los Timbales tienen distintos diámetros. Generalmente, dependiendo de las marcas los hay de 32”, 29”, 26” y 23” y aún otro más pequeño llamado Timpani piccolo. A más anchura del tambor, más apropiado para los sonidos graves. Pero se da el caso que un mismo sonido, a una misma tesitura, puede ser afinado en dos Timbales. Un sonido DO puede ser afinado en el Timbal de 29” o el de 26”. En el más ancho sonará más tenso y en el otro sonará más dulce y más sonoro. Hay que elegir cual Timbal es el más apropiado para cada momento. Aquí tenemos un problema de gusto.

La afinación es un aspecto fundamental. El Timpanista debe poseer un oído musical y armónico excelente y saber afinar sin necesidad de artilugios mecánicos aunque estos puedan ser útiles en determinados momentos de una obra. Hay que tener cuidado con los afinadores digitales, muy comunes hoy en día porque la afinación en conjunto de una orquesta, puede y suele ser relativa y no exacta. El sonido LA no es suficiente, hay que interrelacionarlo con otras notas. Eso lo saben bien los afinadores de pianos. Claro que ajustar bien los indicadores de afinación antes del concierto es muy útil pero yo personalmente confío más en el oído. No es lo mismo un DO en funciones de Tónica que el mismo sonido en funciones de Dominante. Por lo menos así lo percibo yo. En medio de un concierto hay que saber hacer cambios de afinación en medio de sonoridades extrañas. No se debe olvidar ser capaz de cantar y percibir todo tipo de intervalos melódicos y armónicos. Con la práctica y el tiempo un Timpanista puede llegar a escuchar interiormente un fragmento de música que sonará en el futuro, por ejemplo, dentro de 24 compases. Los estudios de Armonía (poseer un oído Armónico) ayudan a entender mejor la música que se toca. Sin un oído musical bien entrenado es imposible ser un buen Timpanista.

Como quiera que sea, la música también es un espectáculo visual y los Timpanistas somos muy propensos a lucirnos en escena. ¡Normal! ¡Somos un poco narcisistas! Desde luego que hay golpes o sonidos que se producen levantando mucho las manos y hay algunos que convierten esto en un arte. Pero un músico no debe desviar nunca la atención del público del objetivo principal que es la música. A mis alumnos les digo que los movimientos superfluos que hacemos los Timpanistas tienen que producirse por razones técnicas y por temperamento natural propio; que no deben imitar a un Timpanista solo porque luzca bien sino por sus resultados musicales. Siempre les enseño cómo lo haría yo pero que ellos tienen que encontrar sus propios movimientos dentro de lo que son los convencionalismos de la técnica.

Un último aspecto, sin pretender que esto sea una tesis doctoral, es la vinculación del Timpanista con el director de la orquesta. En determinados pasajes musicales somos su principal ayuda para conseguir ritmo, tensión, exactitud, cambios de tiempo. Si adivinamos su pensamiento seremos su mejor aliado en concierto.

Finalmente quiero decir que los Timbales a diferencia del violín, siguen evolucionando en su morfología ya que los compositores siguen encontrando y proponiendo nuevas utilizaciones incluso como instrumento solista.

Resumiendo, lo esencial para ser un buen Timpanista:

  • Oído relativo excelente.
  • Gusto musical.
  • Técnica apropiada. Refinamiento del redoble y de los “apagados”
  • Estudios de Armonía. Nos ayudará muchísimo.
  • Saber elegir las baquetas adecuadas para cada pasaje musical.
  • Nunca perder de vista la mano del director.
  • Saber oír a la orquesta, principalmente a los violines!
  • ¡Ah! ¡No beber en exceso!

Y que nadie olvide una cosa: ¡Los Timbaleros somos bichos especiales!

Marcos Valcárcel Gregorio. Junio, 2010.

EL SECRETO DE UN PEQUEÑO PERCUSIONISTA

Hace unos días aprendí algo de mi pequeño alumno David, de 8 años. Es un niño pequeño y delgadito. Se sienta frente al tambor en el asiento más bajito que tengo en clase. Inmediatamente se encorva debido a su constitución menuda y se cansa muy pronto; ya sabemos que los niños tienen poca capacidad de concentración.

En sus primeras clases intenté que no se aburriera y me desesperé un poco al ver que no reaccionaba durante los primeros ejercicios y lecciones y que el ruido de los golpes le hacía cerrar los ojos.

Hace dos semanas, en el desarrollo de una clase le enseñé un pequeño ejercicio de combinaciones de manos. Él lo entendió perfectamente pero le resultaba difícil. Lo intentaba una y otra vez y nada. Francamente frustrante. Entonces se me ocurrió decirle algo, una frase mágica:

-David, te voy a enseñar un secreto pero… no se lo digas a nadie.

Se me quedó mirando fijamente.

-¡Toca eso fácil! Dije.

Me dijo que sí, se enderezó en el asiento y tocó el ejercicio bien, a la primera vez, a la segunda y a la tercera. Yo mismo me quedé sorprendido con la facilidad que lo hizo.

Le dije:

-¿Ves? Ahora te salió muy bien.

Entonces le expliqué una lección de lectura y terminó la clase.

A la semana siguiente volvió en su turno de costumbre y me dispuse a repasarle lo de la semana anterior porque ya sé que los niños practican poco en casa. Pero increíblemente, algo había practicado porque todo le estaba saliendo mucho mejor. Lo quise estimular y le dije que estaba impresionado porque todo estaba bien, a lo que me contestó:

 -Es que yo hice el ‘secreto’ que tu me dijiste.

Yo, que ya no me acordaba del secreto, le dije que me lo repitiera. Me contestó:

-Me dijiste que lo ‘tocara fácil’ y por eso me sale bien…

Me reí interiormente y quedé asombrado. Comprobé que la mente de un niño, ese milagro abierto al conocimiento, es capaz de interpretar perfectamente la abstracción de una frase mágica.

David ya ha empezado a hacer las cosas fácilmente.

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre, 2009.

La Escuela Nacional de Arte. ENA. Mis recuerdos. Sexta Parte.

Los primeros profesores de la Escuela Nacional de Música integrada en la ENA provenían de un entorno académico clásico y casi ninguno de la llamada música popular. Los profesores de instrumentos eran músicos de la Sinfónica Nacional y los teóricos venían de antiguas academias y conservatorios de corte clásico. De los que yo recuerdo, solo el profesor Fausto García Rivera, de percusión, era músico de la orquesta del show del Hotel Riviera.

Y naturalmente los primeros programas de estudios estaban diseñados atendiendo al más puro concepto clásico. Había también una primera intención docente, nacionalista, a partir de trabajos de la pedagoga Carmen Valdés que publicó unos primeros folletos creo que, en principio, dirigidos a las precursoras escuelas de Instructores de Arte. También para esas escuelas el profesor Domingo Aragú diseñó quizá, los que se pudieran llamar, los primeros folletos-libros de instrumentos de Percusión cubana en el mundo, con explicaciones y ejercicios técnicos. Así que la nueva Escuela Nacional de Música era un conservatorio al más puro estilo clásico con elementos de cultura cubana pero que no incluía los géneros y tipos de formaciones populares. Téngase en cuenta que en el año 1962, fecha de creación de la ENA, la Orquesta Sinfónica Nacional era la única institución que representaba, con calidad profesional, a  la música clásica, culta, exacta, como quiera que se le quiera llamar.

Los primeros alumnos de la Escuela Nacional de Música, casi en su mayoría comenzaron sus estudios musicales desde cero. Había algunos contados alumnos que ya vinieron tocando bastante bien sus instrumentos, como por ejemplo, los hermanos Alen, que llegaban desde EE.UU. Pero en los inicios, la escuela tenía un nivel Elemental. En los 2 o 3 primeros años siguientes comenzaron a llegar alumnos que ya tocaban sus instrumentos y como era natural venían del mundo llamado popular, por ejemplo, Arturo Sandoval y Enrique Pla.

¿Hubo alguna prohibición explícita en Cuba para tocar Jazz o música popular en los conservatorios de la época? No lo sé, pero mi primer contacto con el Jazz, The Beatles, Blood, Sweat &Tears,  y otros, fue en la ENA. ¿Alguien recuerda la Big Band de la ENA? ¿Alguien recuerda la Charanga Típica de la ENA dirigida por mi amigo Adalberto Álvarez? Para los que no lo saben: existieron.

Charanga ENA

Para ser sincero, yo nunca sentí prohibición alguna para tocar música popular. Si experimenté opiniones en contra por parte de algún que otro profesor. En mi caso, estudiante de percusión, tenía una atracción especial por la batería, y oía decir que eso era una mierda ¡que yo tenía que estudiar percusión de verdad! y que la verdadera música era la clásica. Eso si lo oí. Era una coacción pero no una prohibición.

Recuerdo que era la época del Mozambique, con Pello “el Afrocán” al frente y su banda gigante. Era un fenómeno de masas, utilizado políticamente o no pero sonaba por la mañana, la tarde y la noche. Había una profesora que lo odiaba. Pero en algo tenía razón porque aquello no tenía calidad musical alguna y la desafinación era insoportable. ¡Pero era divertido!

También en el mundo se estaba viviendo el fenómeno Beatles, acompañado de Rolling Stones y Led Zepellin en la vertiente del Rock más duro. En Cuba ya para la época no era posible comprar un LP de los mismos debido a la ruptura y la no-existencia de todo tipo de relaciones con EE.UU. nuestro principal mercado. Solo sobrevivía la radio y las copias piratas en planchas de metal.

Además, Cuba tenía su propia música popular con una fuerza y un amplio espectro laboral.

Ya sabemos que sólo existe un tipo de música: la buena y bien hecha. Pero en Cuba (y también en otros países) siempre ha existido la división entre Música Popular y Clásica. Todavía hoy, músicos de ambos bandos siguen debatiendo sobre eso. He oído a músicos clásicos rechazar lo popular y viceversa. Pero también existen los verdaderos, los que juegan a las dos bandas.

Hace pocos días oí a una amiga decir, a toda voz, que en aquellos días la dejaron sin pase (permiso para ir a casa) dos meses por oír a Juan Manuel Serrat. Son verdaderas exageraciones, por no decir mentiras, que se oyen por estos días. Y lo peor de todo, ¡hay quien se las cree!

¿Hubo alguna prohibición para tocar Jazz en Cuba? Sinceramente lo desconozco. Lo que sí sé es que la primera Big Band profesional que vi y oí en vivo en mi vida, fue la Orquesta Cubana de Música Moderna con los maestros Armando Romeu y Rafael Somavilla al frente. Nuestros ídolos eran Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, Chucho Valdés y Enrique Pla.

¿O quizá el enfrentamiento político y cultural con un adversario tan poderoso como los EE.UU. fue el detonante de alguna directriz que trataba de rechazar todo lo yanqui? Es posible. Eran tiempos en que la joven Revolución cubana, con un mayoritario y casi total respaldo del pueblo se defendía con uñas y dientes de un enemigo agresivo y muy poderoso. Y esa lucha también abarcaba el terreno cultural. Los melenudos, por ejemplo, eran mal vistos. Y el Jazz y el Rock se asociaban con la cultura del enemigo. Cosas de la época.

Hablando un día con un importante musicólogo español este me comentó que en el mundo hay 3 corrientes o fenómenos musicales que conforman las raíces de la llamada música popular, a escala global: EE.UU., Brasil y Cuba. No sé, pero los músicos en Cuba se han dado y siguen dando por chorros. Y son altamente valorados internacionalmente.

Lo que sí sé (sabemos todos) es que hay muchos músicos cubanos muy buenos y mundialmente reconocidos entre los más grandes, que desarrollaron sus carreras, en Cuba, en la ENA y en esos años. No lo hicieron a escondidas. Y son muy buenos artistas por su envidiable talento y trabajo, pero también porque tuvieron una educación como Dios manda.

Continuará…

Marcos Valcárcel Gregorio, Noviembre, 2009.

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